<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://drungo.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Drungo</title><description>El hecho de tener un pensamiento de baja calidad no impide apreciar la calidad excepcional del pensamiento del pr&#xF3;jimo.</description><link>https://drungo.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Lady Chatterley</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/112101-lady-chatterley.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/112101-lady-chatterley.php</guid><description><![CDATA[<p align="left">Wragby Hall, finca de los Chatterley, en plena regi&oacute;n minera de Inglaterra. Octubre de 1921.</p><p align="left">Constance, lady Chatterley, y su marido Clifford llevan uno o dos a&ntilde;os viviendo en Wragby.</p><p align="left">Cuatro a&ntilde;os antes, varios meses despu&eacute;s de su boda, Clifford, que por entonces era teniente del</p><p align="left">ej&eacute;rcito brit&aacute;nico, volv&iacute;a destrozado del frente de Flandes, con la parte inferior de su cuerpo</p><p align="left">paralizada para siempre.</p><p align="left">El invierno lo cubre todo. Constance pasa d&iacute;as mon&oacute;tonos, encerrada en su propia vida, su sentido</p><p align="left">del deber y su matrimonio con Clifford. Triste e indiferente a todo, se va vaciando poco a poco de</p><p align="left">sus fuerzas. Su hermana Hilda acude. Exige a Clifford que contrate a una enfermera para sus</p><p align="left">cuidados personales con tal de aligerar a Constance de esa pesada carga. La Sra. Bolton se instala en</p><p align="left">el castillo. Empieza una nueva vida.</p><p align="left">Pronto llega la primavera. Fuera, la vegetaci&oacute;n se despierta y los temblores tempranos de la</p><p align="left">naturaleza acompa&ntilde;an a Constance en sus primeros paseos por el bosque. Pero el bosque es tambi&eacute;n</p><p align="left">el territorio de Parkin, guardabosques de la finca.</p><p align="left">Parkin vive apartado del mundo, en su casa en pleno bosque, en una soledad que se ha construido a</p><p align="left">conciencia. La pel&iacute;cula es la historia de ambos. La historia de la aparici&oacute;n del cuerpo de Parkin en el</p><p align="left">bosque de Wragby y su irrupci&oacute;n en la vida de Constance.</p><p align="left">La historia de un encuentro, de una dif&iacute;cil vinculaci&oacute;n, de un lento despertar de la sensualidad para</p><p align="left">ella, de un largo retorno a la vida para &eacute;l. Pero una vez establecido el contacto, es largo el camino</p><p align="left">que les ha de conducir al amor verdadero. Porque, en la estela de su relaci&oacute;n, tendr&aacute;n que reinventar</p><p align="left">el mundo.</p><strong><p align="left">Basada en</p><em><p align="left">Lady Chatterley y el hombre de los bosques</p></em></strong><p align="left">la 2&ordf; versi&oacute;n de <em>El amante de Lady Chatterley </em>de <strong>D.H. Lawrence</strong></p><p align="left"><strong></strong></p><p align="left"><strong>ESTRENO EL 30 DE NOVIEMBRE</strong></p>]]></description><pubDate>Wed, 21 Nov 2007 23:55:00 +0000</pubDate></item><item><title>L&#xCD;BERO</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/092201-libero.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/092201-libero.php</guid><description><![CDATA[<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="8" width="90%" align="center"><tbody><tr><td class="textos" colspan="2" width="81%" valign="top"><strong>Director:</strong> Kim Rossi Stuart <br /><strong>Actores:</strong> Alessandro Morace, Kim Rossi Stuart, Barbora Bobulova, Marta Nobili, Pietro De Silva </td></tr><tr><td class="textos" colspan="2" valign="top"><strong>S&iacute;ntesis:</strong> En una familia disfuncional, el padre debe hacerse cargo de sus dos hijos luego que la esposa los abandona. El hijo menor ser&aacute; aquel que pueda afrontar la situaci&oacute;n con m&aacute;s optimismo y madurez que los adultos. </td></tr><tr><td class="textos" valign="top">CRITICAS Libero --&gt;<strong>Cr&iacute;ticas</strong><br /><li><a href="http://www.clarin.com/diario/2007/06/21/espectaculos/c-00701.htm" target="_blank">Clar&iacute;n: Muy Buena</a> </li><li><a href="http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=919063" target="_blank">La Naci&oacute;n: Muy Buena</a> </li></td></tr></tbody></table>]]></description><pubDate>Sat, 22 Sep 2007 12:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>Dignitatem frangere (aliquius)</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/081001-dignitatem-frangere-aliquius-.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/081001-dignitatem-frangere-aliquius-.php</guid><description><![CDATA[<p>Apreciado F</p><p>Aplaudo y me parece loable tu esfuerzo por abonanzar. Se vislumbra en tu personalidad la batalla de un hombre de clase media para escapar a su destino at&aacute;vico, escalando la cumbre del buen tono con tes&oacute;n. Pero no conviertas tus esfuerzos en virtudes discriminatorias. Renegar de la propia naturaleza es el pecado m&aacute;s insoportable de los advenedizos, tanto para la nueva clase a la que aspiras (en la que te mirar&aacute;n como a un converso desarraigado), como en la clase de la que pretendes escapar (que te tachar&aacute; de traidor).</p><p>Comprendo que esa peregrinaci&oacute;n espiritual en la que te has empe&ntilde;ado a lo largo de tu vida, y que por haber partido de una posici&oacute;n m&aacute;s elevada que la del&nbsp;jornalero a tiempo parcial, te ofusca, confundiendo la estratificaci&oacute;n con el proceso de cambiar de estrato. Cr&eacute;eme, lo relevante no es el estrato sino la ambici&oacute;n de cambio, y sea cual sea la posici&oacute;n de partida, por el mero hecho de anhelar el cambio, siempre ser&aacute; una peregrinaci&oacute;n de pueblo bajo, adem&aacute;s de que cualquiera apreciar&aacute; la infelicidad como desencadenante del anhelo.</p><p>Por tanto, no expongas tu condici&oacute;n de infeliz y menos en una tarea tan ingrata. En silencio, F, hay cosas que hay que hacer en silencio. Evita transmitir esa imagen de mochilero del buen gusto sudando la gota gorda. &Aacute;nimo y un fuerte abrazo de tu&nbsp;amigo. </p>]]></description><pubDate>Fri, 10 Aug 2007 20:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>En Realidad</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/072901-en-realidad.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/072901-en-realidad.php</guid><description><![CDATA[<p>A las 22,30 esta noche en la 2 de TVE. </p><p>Dedicado a la maternidad.</p><p>Producido por SAGRERA TV.</p>]]></description><pubDate>Sun, 29 Jul 2007 20:17:00 +0000</pubDate></item><item><title>Leitmotiv</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/070901-leitmotiv.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/070901-leitmotiv.php</guid><description><![CDATA[<p>El lector ideal o privilegiado de toda obra literaria ser&aacute; aquel cuyas coordenadas temporales y espaciales coincidan <em>grosso modo</em> con las del autor: en la medida en que el contexto forma parte del texto, el desconocimiento del primero empa&ntilde;a inevitabloemente nuestra percepci&oacute;n del segundo. Cuando me enfrento a una obra de un escritor alejado de m&iacute; en elo tiempo/espacio, la falta de un contexto com&uacute;n a ambos me obliga a ubicarme si aspiro a una lectura optimamente beneficiosa, totalizadora, global. S&oacute;lo el coet&aacute;neo del autor puede captar el mare m&aacute;gnum de connotaciones, prop&oacute;sitos y referencias integradas en sus libros, sin necesidad de recurrir a una minuciosa, y siempre aleatoria, reconstrucci&oacute;n. Recrear la atm&oacute;sfera cultural y social en la que se produjo el texto, situar a &eacute;ste dentro de aquella, revivir los sentimientos de inmediatez, familiaridad y smpat&iacute;a del p&uacute;blico originalmente destinatario ser&aacute;n as&iacute; empe&ntilde;o obligado del cr&iacute;tico resuelto a penetrar en sus zonas de sombra y dilucidar sus presuntos secretos.</p><p>Partiendo de estos supuestos cuando uno est&aacute;&nbsp; frente a su lectura y con la caricia musical de la brisa marina de fondo se &nbsp;suele entrar en un estado de felic&iacute;sima pereza so&ntilde;adora.</p>]]></description><pubDate>Mon, 09 Jul 2007 20:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>Fuego alegre en los ojos</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/062201-fuego-alegre-en-los-ojos.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/062201-fuego-alegre-en-los-ojos.php</guid><description><![CDATA[<p>El principio, cuando a&uacute;n es un misterio ver como se desnuda tu amante, cuando sus frases a&uacute;n te suenan a revelaciones, cuando tus manos tiemblan por la sorpresa de ir descubriendo los huecos y vol&uacute;menes de su cuerpo denso y misterioso... Pero, en fin, como todo dios sabe, hay dos etapas amorosas. una primera en la que alguien te gusta cada vez m&aacute;s y una segunda etapa en la que ese alguien te gusta cada vez menos. La primera etapa suele ser breve, la segunda no tanto. (El merito consiste, creo yo, en no mitificar esa primera etapa y en procurar que la segunda no degenere en un continuo estado de espanto emocional.) (Pero a saber...)</p><p>Por supuesto no hay certezas absolutas, pero estoy casi convencido de que el problema de casi todas las relaciones amorosas es de orden involutivo. S&iacute;, involutivo, porque haces el camino que va del fascinado extra&ntilde;amiento mutuo a la mutua confusi&oacute;n de corazones, para luego dar marcha atr&aacute;s y regresar al punto inicial: la mutua extra&ntilde;eza, sin grado alguno ya de fascinaci&oacute;n. Y parece l&oacute;gico que sea as&iacute;, ya que te enamoras de una persona en un periodo psicol&oacute;gico concreto para los dos, pero todo pensamiento est&aacute; hecho de tiempo, y el tiempo si no sabes cadenciarlo es corrosivo y disolvente, una portentosa maquinaria que tritura a diario la conciencia hasta que llega el momento en el que ambos se preguntan. "&iquest;Qui&eacute;n es esta persona que duerme junto a m&iacute;, que folla conmigo sin cobrarme, que come lo mismo que yo como, que entra en mi casa sin llamar?" Pero lo m&aacute;s desconcertante de todo es que a veces tambi&eacute;n terminais preguntandoos "&iquest;Qui&eacute;n es esta persona extra&ntilde;a que estar&iacute;a dispuestaa dar la vida por m&iacute;, y por la que yo dar&iacute;a, casi sin dudarlo, la vida?". Y es que toda relaci&oacute;n amorosa crea vinculos irracionales, rebeldes a cualquier an&aacute;lisis l&oacute;gico.</p><p>A veces creo que con el amor ocurre algo similar a lo que ocurre con los electrodom&eacute;sticos: se nos estropea la lavadora y nos vamos a la cama con la esperanza de que, durante la noche, despues de unas horas de reposo, la lavadora se arreglar&aacute; sola. "Ma&ntilde;ana funcionar&aacute;", nos decimos antes de dormir, porque la perspectiva de pagar a un traumat&oacute;logo de lavadoras es algo que entusiasma a muy poca gente. "Ma&ntilde;ana recuperar&aacute; la lavadora el vigor del centrifugado", nos decimos. Pero llega la nueva ma&ntilde;ana y la lavadora sigue sin funcionar, como es l&oacute;gico. Pues bien, con las averias del amor sucede algo similar: pensamos que van a arreglarse por arte de magia, pero muy pocas veces ocurre eso, porque una averia es siempre una averia. Y es que los fallos en los circuitos de las lavadoras y en los circuitos amorosos no se deben a la intervenci&oacute;n de duendes caprichosos, sino que en ambos casos se trata de fallos mec&aacute;nicos. Por ello, al igual que en la filosof&iacute;a hay que estar inventando frases sin parar, con la esperanza de que alguna pegue en la conciencia colectiva, en las relaciones hay que estar atentos permanentemente a cualquier cambio a la voluntad existente en nosotros.</p><p>El secreto del amor puede ser tan simple como una simple pregunta: &iquest;qui&eacute;n va a dejar de amar a alguien si puede seguir amando?</p>]]></description><pubDate>Fri, 22 Jun 2007 01:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>Beckford IV</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/061301-beckford-iv.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/061301-beckford-iv.php</guid><description><![CDATA[<p>Tras un frustrante intento de ir al Caribe Beckford recalar&aacute; en Lisboa. Y William sue&ntilde;a -y escribe en su diario- "en un convento portugu&eacute;s en el que comer&eacute; naranjas y me consagrar&eacute; al culto de mi San Antonio bienamado"</p><p>As&iacute; es como Beckford no abandonar&aacute; el estuario del Tajo. Se quedara en Lisboa viviendo y vi&eacute;ndose vivir, puesto que incrementa la escritura de lo que ser&aacute; su <em>Diario de Portugal y Espa&ntilde;a</em>. Exiliado ya<em> conscientemente</em>, decide ser un rey en el exilio, y pasear&aacute; por estos pa&iacute;ses su lujo asi&aacute;tico -carruajes, trajes, f&aacute;mulos- y un continuo derroche. Es un dandy, entregado al mal y a la aparatosa est&eacute;tica de San Antonio: el gusto -t&iacute;pico en un protestante esteta, como lo ser&aacute; despu&eacute;s en los poetas decadentes brit&aacute;nicos. As&iacute; es como los notables de Portugal abrir&aacute;n los ojos con asombro al ver al ingl&eacute;s fervorosa, piamente arrodillado, y como en trance, ante las im&aacute;genes de San Antonio, santo en quien Beckford ve una encarnaci&oacute;n de la sensualidad cat&oacute;lica.</p><p>El 25 de mayo de 1787, conoce en Lisboa a los que iban a ser sus grandes amigos lusitanos: los Marialva, riqu&iacute;sima familia noble, con un gran palacio en la ciudad y paso franco en la Corte. Pero la magia del encuentro no estar&aacute; para William en los marqueses de Marialva -que fueron siempre amabil&iacute;simos con &eacute;l-, sino en los dos hijos de la pareja: Dom Pedro, un muchachito moreno de ojos oscuros y continente t&iacute;mido, que reproduc&iacute;a en sure&ntilde;o, la "visi&oacute;n ang&eacute;lica" de Kitty. Frente a los rizos rubios del ingl&eacute;s, el oscuro y dieciochesco mo&ntilde;o del portugu&eacute;s, que, al principio, extra&ntilde;&oacute; a William. Do&ntilde;a Henriqueta, muchachita de quince a&ntilde;os, plena de encanto n&uacute;bil y que, al igual que su menor hermano, no har&aacute; dengues al ingl&eacute;s devoto, lujoso y cantar&iacute;n (Beckford cant&oacute; al clave en el palacio Marialva) y extraordinario. Los padres de los ni&ntilde;os no se opondr&aacute;n a la amistad (Portugal tampoco era Inglaterra), y Beckford, el seductor, les pasear&aacute; en carroza por Lisboa y por las costas de Cascais, dici&eacute;ndoles cumplidos y jugando. A algunos amigos de Dom Pedro, los visitaba Beckford despues de misa, y as&iacute; conoci&oacute; a Polycarpio y al italiano Gregorio Franchi. La inocencia , la m&uacute;sica, el esplendor pagano de la misa y los <em>meninos</em> entretienen y encantan al esplendente Beckford, quien halla la oposici&oacute;n no por esperada menos molesta, del embajador de Inglaterra. Sir Robert Walpole, que impide -hablando de los esc&aacute;ndalos de su compatriota- que William sea oficialmente presentado en la Corte por los Marialva. (Que suponen, digamos de paso, que Beckford anda enamoriscado de la ni&ntilde;a Henriqueta, y que siente paternal devoci&oacute;n por Pedro). El dandy continua, obsesionado, neur&oacute;ticamente con una m&aacute;scara.. Se escapa a las galerias superiores para buscar y entretenerse con los <em>meninos</em>, deja ver su fausto y su vicio pase&aacute;ndose con el joven arist&oacute;crata o con el joven cantor, pero al mismo tiempo -porque ama la pompa y gusta de la comedia misma -entrecruza visiblemente las manos en su reclinatorio y queda como transido a la vista de todos, presa del arrobo m&iacute;stico y de la devoci&oacute;n. Y los Grandes le invitan a sus palacios y a sus cenas, y un d&iacute;a el poderoso Conde de Val de Reis, virrey del Algarve, le cede su misal durante los oficios... En los jardines de los palacios de Palhava o de Marvila le sucede lo que m&aacute;s tarde le pasar&iacute;a a Proust mientras paseaba con Reynaldo Hahn, junto a un arriate de rosas de Bengala, Beckford escribe: "&iexcl;que pobre y pueril criatura soy! El perfume de las rosas me afecta mucho. Podr&iacute;a quedarme horas en suspenso delante de ellas y descubrir en cada instante encantos nuevos en su forma, en su color y en su aroma" Pero otros d&iacute;as se siente triste, comido por la melancol&iacute;a, exiliado no s&oacute;lo de Inglaterra, sino de un reino perfecto que debe existir m&aacute;s all&aacute; de la realidad o m&aacute;s all&aacute; del mundo. Beckford es un rom&aacute;ntico, pero tambi&eacute;n un simbolista. Beckford ser&aacute; el modelo de Byron y el padre espiritual -en la actitud dand&iacute;stica de Baudelaire.</p><p>Pero Lisboa no es una ciudad bella -el terremoto de 1755 la dej&oacute; seriamente da&ntilde;ada-, hay miseria en sus calles y, en verano, el calor es pegajoso y excesivo; Walpole impide llegar a Do&ntilde;a Mar&iacute;a I, los perros ladran demasiado por la noche, los nobles siguen modas arcaicas, y hay mal gusto y dientes "empastados de ajo y bacalao"... Portugal le cansa, pero una tentaci&oacute;n se le aproxima, Marialva le ofrece -si abjura de su religi&oacute;n y de su patria- la mano de su hija Henriqueta y, con ella, la entrada en la Corte y titulos que le har&iacute;an inmediatamente Grande de Portugal. Ir al altar con la jovencita Henriqueta Mar&iacute;a Julia de Lorena y Menezes, hija de Diego Jos&eacute; Vito de Menezes, quinto marqu&eacute;s de Marialva, Maestre de caballer&iacute;a y gentilhombre de c&aacute;mara...</p><p>Beckford dud&oacute; y demor&oacute; toda respuesta. Era hermoso agredir a Inglaterra, pero tambi&eacute;n lo era recordar Fonthily y la felicidad all&iacute; gozada, y pensar que alguna vez dejar&iacute;a de ser el desterrado, "un judio errante, mirado como si llevase la marca de la maldici&oacute;n divina". Y, adem&aacute;s, estaban las noches c&aacute;lidas que pasaba con Gregorio, con Dom Pedro y con Plycarpio, juntos los cuatro, cantando y tocando m&uacute;sica. Estos muchachitos eran la infantil imagen de la juventud -al igual que Kitty lo hab&iacute;a sido-. y, en sus fragiles y hermosos cuerpos. Beckford sellaba o metaforizaba, no s&oacute;lo su propio ideal Narciso, sino la figura eterna arquet&iacute;pica, de la Gracia del Mundo: la pura Belleza preexistente y eterna. Porque el dandy tiene siempre sed de un m&aacute;s all&aacute;, aunque sea f&iacute;sico.</p><p>Pasa unos d&iacute;as en una finca de los Marialva junto a Cintra. All&iacute; recibir&aacute; -lleno de alegr&iacute;a- un ejemplar de la corregida edici&oacute;n parisina de <em>Vathek</em>, y all&iacute; encontrar&aacute; una ma&ntilde;ana con el mocito Franchi, quien por &eacute;l ha abandonado su seminario y ha caminado cinco jornadas para encontrarle, aunque su amor apasionado de esos d&iacute;as -en que los padres y anfitriones esperan una resoluci&oacute;n sobre su posible boda con Henriqueta- es Dom Pedro, el sustituto aventajado de Kitty, moreno y fogoso como su nuevo Hylas...</p><p>Sigue asistiendo con boato a misa y se postra ante el <em>glorios&iacute;ssimo Senhor santo Antonio</em>, cuando -de nuevo en Lisboa- acude a la misa en honor de San Miguel, porque "los dos", dice, "somos &aacute;ngeles caidos". &iquest;Cabe mayor dandysmo?. Y el pueblo le contempla arrobado y, cuando se decide -a finales de octubre- a abandonar Portugal, los Marialva tronar&aacute;n contra el embajador de Inglaterra, te&oacute;rico causante de su partida, y llorar&aacute;n y se echar&aacute;n -el ni&ntilde;o, la ni&ntilde;a y los padres. Beckford tiene un pasaporte p&agrave;ra Espa&ntilde;a, con el sello real en sus manos.</p>]]></description><pubDate>Wed, 13 Jun 2007 00:39:00 +0000</pubDate></item><item><title>Beckford III</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/053001-beckford-iii.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/053001-beckford-iii.php</guid><description><![CDATA[<p>Desde Italia, Beckford ir&aacute; a Suiza, donde, aconsejado por sus amigos, sienta morada en el peque&ntilde;o castillo de la Tour de Peiltz, entre Lausanne y Vevey. All&iacute; esperar&aacute; a Lady Margaret -madre, al fin, de una ni&ntilde;a en abril de 1785- que se reunir&aacute; con su marido un mes despu&eacute;s. Son d&iacute;as tristes para el matrimonio -mientras el esc&aacute;ndalo sacude Inglaterra- que lleva una vida, mientras William escribe<em> Episodios</em> que deber&aacute;n ser entre complemento y continuaci&oacute;n de <em>Vathek</em>, y llegan noticias de que el Reverendo Henley trabaja en la traducci&oacute;n al ingl&eacute;s del cuento &aacute;rabe de William. De nuevo todo parece volver al cauce del orden. Pero el destino de Beckford estaba ya sellado por la Diferencia. Y no importa que el marido pareciese laborioso y pausado, lejos del ruido mundanal, ni que la esposa aguardara un nuevo hijo. La suerte favorece al rom&aacute;ntico. (La suerte de su propio destino, que puede a veces, vestir el color de la desgracia). El 14 de mayo de 1786, Lady Margaret da a luz otra ni&ntilde;a, pero muere doce d&iacute;as m&aacute;s tarde de fiebre puerperal. Cuando la noticia llegue a Londres, los airados atribuir&aacute;n la muerte al "sat&aacute;nico" Beckford, que de Gilles de Rais -y sin dejar de serlo- se convierte ahora en Barba Azul. El cuerpo de la fiel y devota Margaret viajar&aacute; sola a Inglaterra, y, unos meses despu&eacute;s, los parientes de la madre se har&aacute;n cargo de las huerfanas.</p><p>William Beckford est&aacute; solo, viejo -piensa &eacute;l- a sus veintis&eacute;is a&ntilde;os, castigado nuevamente por el Cielo y contemplando el Monte Sal&egrave;ve, que ya en su erudita adolescencia le hab&iacute;a indicado y ense&ntilde;ado que un hombre no es otra cosa que la absoluta y valiente realizaci&oacute;n de si mismo.</p>]]></description><pubDate>Wed, 30 May 2007 12:18:00 +0000</pubDate></item><item><title>William Beckford II</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/052301-william-beckford-ii.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/052301-william-beckford-ii.php</guid><description><![CDATA[<p>Tras los grandes &eacute;xitos de la <em>saison</em> londinense, Beckford, con todo el esplendor de su dinero, har&aacute; un nuevo y r&aacute;pido viaje a Italia, mientras Louisa, su prima t&iacute;sica sigue enardeciendose de amor por &eacute;l. Piensa celebrar la Navidad del 82 con el mismo rito que la del a&ntilde;o precedente. Pero Louisa convalece en Francia y solo puede escribirle dese&aacute;ndole todas las venturas. Claro qu&eacute;, adem&aacute;s, William -aconsejado, conminado por su madre- se ha casado en ese tiempo, con la rica, noble y dulce Margaret Gordon. Naturalmente, no ha olvidado a Louisa ni a "Kitty", con el que sigue, lentamente, estrechando lazos. El matrimonio -que duele de celos a la sufriente prima- sirve para acercarse al muchacho, pues los padres de este temer&aacute;n menos de un hombre que enfrenta la madurez de la familia y, ya a fines de 1783, est&aacute; esperando un hijo. Parece que Beckford ha tomado la senda del <em>Bien</em>, aunque Louisa est&eacute; cada vez m&aacute;s enferma en Francia, y Margaret haya perdido -por una caida- el hijo que esperaba. Pero, en 1784, al joven William -cuya mujer est&aacute; de nuevo embarazada- se le ofrece una prometedora carrera pol&iacute;tica: un esca&ntilde;o en la C&aacute;mara Baja del Parlamento, y la promesa de otro en la C&aacute;mara Alta, cuando se le conceda una baron&iacute;a, a la que bien puede aspirar por su posici&oacute;n y por su sangre. Viaja a Par&iacute;s y a Escocia, y, de retorno a Fonthill, le espera lo inesperado, el sello evidente de su nueva vida: Lord Courtenay les invita a &eacute;l y a Lady Margaret, a pasar el final del verano en Powderham, con su familia. S&oacute;lo la madre de William se da cuenta del peligro, y le dice: "No vayas". Por supuesto Beckford ir&aacute;, acompa&ntilde;ado de su mujer. Las tres primeras semanas fueron agradables y pl&aacute;cidas. William paseaba por el bosque con "Kitty" bajo la lejana mirada de un preceptor. Pero el muchachito (ahora con diecisiete a&ntilde;os) no era ya el ni&ntilde;o que se dejaba ganar por el arrebato cuando se ve&iacute;a con su admirador y par. Parec&iacute;a diferente y menos complacido -los &aacute;ngeles tampoco son eternos- y acaso ese desapego del muchacho hizo estallar la tormenta. La noche del 12 de ocrubre de 1784, Beckford, lleno de pasi&oacute;n, se llega hasta la habitaci&oacute;n de "Kitty", en la que -echado el cerrojo- tendr&aacute; lugar una escena de ternura y celos en la que los murmullos y los gritos del propio Beckford terminar&aacute;n por despertar al preceptor, quien lo ve todo por la cerradura de al lado y acude a avisar al padre del jovencito y a los criados. El esc&aacute;ndalo es terrible, y ni siquiera la enamorada Lady Margaret puede atenuarlo. Acusado de "corruptor" y de "monstruo", Beckford abandona Powderham. La acusadora noticia corre como la p&oacute;lvora y convierte a Beckford en lo &uacute;nico que le faltaba a&uacute;n para coronar su triunfal vida de malditismo y disidencia: un proscrito. A fones de ostubre, embarca precipitadamente hacia Italia, mientras los peri&oacute;dicos truenan contra ese Gilles de Rais. Se habla de "magia negra", "encantamientos" y, por supuesto, del terrible <em>vicio: "Detestable escena"</em>, dir&aacute;n los peri&oacute;dicos, "ocurrida entre una pareja <em>fashionable</em> de amantes masculinos.</p>]]></description><pubDate>Wed, 23 May 2007 12:46:00 +0000</pubDate></item><item><title>William Beckford</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/051601-william-beckford.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/051601-william-beckford.php</guid><description><![CDATA[<p>William Beckford naci&oacute; en Londres en 1760. Su padre, de igual nombre, era en aquellos momentos Lord Mayor de la ciudad, pero, sobre todo, el descendiente de una dinast&iacute;a de terratenientes coloniales, poseedor de una inmensa fortuna, vinculada con las pr&oacute;speras plantaciones de ca&ntilde;a de az&uacute;car en Jamaica, y ampliada en el mercado de negocios de la metr&oacute;poli. Siguiendo una rara norma para exc&eacute;ntricos ilustres, el padre del Beckford al que voy a referirme fue sumamente mujeriego y tuvo una amplia sucesi&oacute;n de bastardos. Por lo dem&aacute;s, era tenido como liberal en pol&iacute;tica. Pero este se&ntilde;or cas&oacute; con una de las sangres m&aacute;s azules de Inglaterra. Mujer fuerte, era una Hamilton, nieta del Conde de Abercorn, asimismo Conde de Arran y Duque de Chatelleurat, nieto a su vez de Mar&iacute;a Estuardo y descendiente, adem&aacute;s, de Eduardo III. &iquest;Se pod&iacute;a pedir m&aacute;s! Desde luego s&iacute;, y Willaim Beckford lo tuvo. Una impresionante mansi&oacute;n campestre, Splendens, hecha construir por su padre en Fonthill, un ilustre padrino de bautismo, Pitt, en aquel momento Lord Chatham; y una notable inteligencia, que llevo a William, enamorado siempre de la m&uacute;sica, a tomar, a los cinco a&ntilde;os, sus primeras lecciones con Wolfgang Amadeus Mozart.</p><p>Pero tal vez la verdadera historia de este ni&ntilde;o ilustre, precoz y con propensi&oacute;n a la introspecci&oacute;n y al estudio, comience, o se declare, cuando llega a &eacute;l, en calidad de profesor de dibujo, un raro personaje, pintor y fabulista de s&iacute; mismo, llamado Alexandre Cozens. De origen ruso, pintaba extra&ntilde;os paisajes on&iacute;ricos y hab&iacute;a recorrido el mundo, fascinado por el misterio y por los m&aacute;s all&aacute;... Naturalmente, Cozens era la chispa, la llama, acaso leve, que el oculto sello de Beckford (un muchachito de diecis&eacute;is a&ntilde;os) necesitaba para saltar, para iluminar, manifest&aacute;ndose...</p><p>Y algo debieron de notar los preceptores del talentoso ni&ntilde;o cuando decidieron separarle moment&aacute;neamente del ruso y enviarle a Ginebra, a una villa junto al lago Leman, propiedad de unos parientes de la madre de William. Pero all&iacute;, ya imparable, en aquel cultivado centro de la ilustraci&oacute;n (que ensalzaba el Romanticismo negro), Willain Beckford no s&oacute;lo ampliar&aacute; sus estudios, sino que sentir&aacute;, ante el espect&aacute;culo de una naturaleza agreste, despertarse en &eacute;l los sentimientos de misterio, diferencia, intensidad y af&aacute;n de Todo. De momento, deseos que se centran para el adolescente en la mole e imagen del Monte Sal&eacute;ve, que sue&ntilde;a con escalar. (Y proyectos que le son descritos por carta al iniciador, al gur&uacute;, Cozens).</p><p>Beckford subir&aacute; al Sal&eacute;ve el 13 de septiembre de 1777 y sentir&aacute; all&iacute;, pues lo buscaba, una suerte de iluminaci&oacute;n, en la que misticismo y terror se dan la mano: dos formas de la intensidad. Y decidir&aacute;, ya abajo, y a sus diecisiete a&ntilde;os, que lo que espera la gente que le rodea &eacute;l nunca lo ser&aacute;. El caballerito educado, galante, sabio en el franc&eacute;s y en caballos, amante del <em>roast-beef</em> y de las cuadras, desde&ntilde;ando la poes&iacute;a y asesino del gusto. Ah&iacute; est&aacute; ya, en visible figura, el dandy que Beckford ser&aacute;; el rey de si mismo contra la sociedad vulgar. Imagen tambi&eacute;n de dos conceptos: vividor y desterrado.</p><em><p>Vividor lo es Beckford, porque quiere para s&iacute; una vida plena.Una vida en la que procurar&aacute; llenar, gastar todos los instantes absolutamente. Una vida cuya aspiraci&oacute;n continua sea la intensidad. Una vida dedicada al derroche de s&iacute; misma, lo que la convierte, sin paradoja, en plenitud. Pero<em> desterrado</em> tambi&eacute;n, y al tiempo, porque Beckford intuye siempre que hay un grado m&aacute;s en la pasi&oacute;n o en el amor al que el hombre no accede jam&aacute;s, porque presiente una realidad total y jubilosa, que contradice el mundo de lo real y a la que, si la intensidad apunta no alcanza nunca. Y &eacute;l por su deseo y por el orgulloso desd&eacute;n a cuanta mediocridad le rodea, se siente habitante, ciudadano de esa realidad total e ideal y, por tanto, un desterrado que procura ser fiel a su origen, mientras, cargado de nostalgia y de tristeza, deambula fantasmal por un mundo que le es corto y ajeno&hellip; Ya Goethe ha dicho en su <em>Div&aacute;n oriental</em>: "No seas sino un invitado en esta sombr&iacute;a tierra&hellip;"</p></em><p>Poco despu&eacute;s de su ascenso al Sal&eacute;ve y de la toma de las resoluciones rebeldes, William retorna a Inglaterra, no sin antes haber visitado a Voltaire en Ferney con el que se entretiene largamente el adolescente hablando de los versos hermosos de Ariosto. La visita a Voltaire ser&aacute; para Beckford como el padrinazgo de la vida que &eacute;l hab&iacute;a emprendido por cuenta propia, decidiendo cultivar su distinci&oacute;n, que es tambi&eacute;n su disidencia, y so&ntilde;ando como lo hizo sobre el Sal&eacute;ve, con el Mal y con sus pompas y sus obras, ya que el Bien era aquella realidad pobre, mediocre y vulgar que le ro deaba. El dandy toma el camino del Mal, porque as&iacute; se llama lo que est&aacute; contra la norma. (Y casi no importa que norma sea)</p><p>De nuevo en Inglaterra, la madre llevar&aacute; a su hijo a conocer a las m&aacute;s notables familias del pa&iacute;s, que son su medio y de donde deber&aacute; salir su futura esposa. Pero el cult&iacute;simo adolescente no descubrir&aacute; a ninguna muchachita bella, sino a un hom&oacute;nimo ni&ntilde;o de once a&ntilde;os, William Courtenay, que es su igual, con siete a&ntilde;os de diferencia. En la belleza del peque&ntilde;o William, Beckford ve la encarnaci&oacute;n de su sue&ntilde;o ideal, la imagen de la beldad ang&eacute;lica, no de este mundo, y se ve tambi&eacute;n a si mismo. Porque el dandy necesita ser narciso, aunque el narcisismo no recaiga siempre y necesariamente sobre uno mismo.</p><p>El peque&ntilde;o Courtenay, var&oacute;n &uacute;nico rodeado de hermanas y descendiente, por ambas ramas, de tres emperadores de Bizancio (apodado Kitty en intimidad) despert&oacute; un gran amor, una pasi&oacute;n, en Beckford, acaso la &uacute;nica gran pasi&oacute;n de su vida, es decir, la que deber&iacute;a tratar de reconstruir continuamente, y, le escribe cartas llenas de encendida intensidad. Le cuenta al muchacho c&oacute;mo los que le rodean le ven abatido y triste, y c&oacute;mo su madre se ofrece a procurarle cualquier cosa que pueda hacer su felicidad. Agregando, en velada confesi&oacute;n: "Seguramente debimos haber sido dos amigos inseparables en alguna otra existencia, de otra forma &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;amos experimentado este repentino amor el uno por el otro? Y cada hora se acrece&hellip;" (George Romney, pintor de c&aacute;mara, nada desde&ntilde;able, pint&oacute; el retrato de los dos William, y su parecido es tal en s&iacute;miles edades, algo m&aacute;s beat&iacute;fica y dulce la mirada de Courtenay, que, m&aacute;s de una vez, uno ha sido tomado por el otro al ilustrar biograf&iacute;as o estudios sobre Beckford). Un Beckford en el que se van viendo ya los estigmas todos del "malditismo": transgresi&oacute;n, moral y er&oacute;tica, desclasamiento frente a una sociedad estamentada que le guarda su puesto, deso del mundo y renuncia del mundo y final sentimiento de destierro, de amenidad frente a cuanto le rodea. El dandy, se ha dicho, es un ser desclasado y doliente, pero prefecto.</p><p>&iquest;Accedi&oacute; el joven Courtenay a los requerimientos de su nuevo y mayor amigo? No parece. Se limit&oacute; a contestar sus misivas y a ser amable las pocas veces en que se vieron. Pero el s&iacute;mbolo ya estaba dado: la imagen terrible del &aacute;ngel. La forma mejor de la realidad, tapada bajo la apariencia de una "amistad particular". Beckford s&oacute;lo confi&oacute; su amor a su prima y enamorada Louisa, hija de su padrino Pitt, cl&aacute;sica mujer del Romanticismo, hermosa, l&aacute;nguida, en los comienzos de la tisis, casada desde los diecinueve a&ntilde;os (ten&iacute;a veinticinco en el momento de la confesi&oacute;n de William) con un marido al que no ama y apasionada, sin embargo, de su joven primo, precoz, bello y maldito.</p><p>Obsesionada por la melancol&iacute;a de su hijo, la madre de William, dispone para &eacute;l de un gran viaje de placer y de conocimiento por el Continente: recorrer Europa como el delf&iacute;n de un rey, entre junio de 1780 y abril de 1781. Perdidamente enamorado de William Courtenay, el querube de trece a&ntilde;os, Beckford (que tiene ahora veinte) escribe a su prima. "No logro romper mis cadenas"&hellip; Lucho, pero cuanto mayor es mi esfuerzo por desembarazarme, m&aacute;s me atan. Ese loco amor mio me hace insensible a todo. Enfebrecidamente voy de lugar en lugar, pero todo es vano, pues me persigue, me persigue con tal prontitud, que me alcanza en seguida y como suyo me marca.</p><p>El lujoso viaje, a cuerpo de rey, tiene su primer hito en Venecia, donde recibe al viajero una ex amiga de Casanova, Giustiniana, Condesa de Orsini-Rosenberg. Recepciones, palacios y vida galante para el joven y culto se&ntilde;orito en una ciudad galante y dorada. Asaltado por las damas, y especialmente por las hermanas Vendramin, de ilustre familia, que se pegan por &eacute;l, William, desde&ntilde;oso, altivo y desclasado, se prenda del hermano menor de las tales hermanas, la amistad es correspondida, y la joven pareja (Venecia no era, afortunadamente para &eacute;l, Inglaterra) se deja ver en conciertos y casas nobles. La Venecia dieciochesca es una ciudad encandilada por la m&uacute;sica, y aires de Vivaldi o de Corelli, mientras los amantes, al crep&uacute;sculo, van en g&oacute;ndola a las islas de Murano y Torcello. El encuentro veneciano con la m&uacute;sica es muy importante para William, la m&uacute;sica ser&aacute; siempre un vehiculo para huir del mundo, que dice haber tenido un extra&ntilde;o delirio al haber escuchado un aria de <em>Orfeo</em> a Marieta Cornari.</p><p>Separado de su joven amante veneciano, historia nada plat&oacute;nica, el periplo italiano de William Beckford contin&uacute;a entre m&uacute;sica. En Lucca escucha a Pachierotti, el c&eacute;lebre castrado de voz blanca. Prosigue por Papua y Florencia, encantado por la liturgia de las iglesias y melanc&oacute;lico del amor perdido (&iquest;de cu&aacute;l?), contando en sus cartas al Conde Benincasa, <em>chevalier servant</em> de Giustiniana Orsini, sus pocos ortodoxas pasiones y su desprecio por la realidad que le rodea, donde de nuevo brota la paradoja, pues esa detestada realidad es vivida intensamente. Piensa, viajando, en las pompas de Grecia y Roma, siente una primera devoci&oacute;n por San Antonio (culto que ser&aacute; siempre adornado de pagan&iacute;a) y sue&ntilde;a con Kitty, justo en el aniversario de su primer encuentro. Prosige por Italia su periplo de "joven rey" de un "principe artista" lleno de arias y m&uacute;sica, cenas en palacios suntuosos, aventuras con muchachitas y <em>ragazzini</em>, locuras, delirios, magia, y la continua melancolia por el querub&iacute;n Courtenay, sobre el que pide noticias a Louisa. El retorno del viaje le lleva dos meses a Par&iacute;s, donde continuar&aacute; la fiesta, la m&uacute;sica y el recuerdo.</p><p>De nuevo en Inglaterra, entre extasis operescos y fascinaci&oacute;n por los cuentos &aacute;rabes, William ser&aacute; conminado por su madre a ir sentando la cabeza y prepar&aacute;ndose para asumir su condici&oacute;n de rico heredero y par del reino, con segura silla en el Parlamento. Pero William solo tiene anhelo de hablar con su prima y de narrarle sus deseos de amor, infernal, lo llamar&aacute; ella, y de convertir Fonthill, la mansi&oacute;n familiar, en un palacio de <em>las mil y una noches</em>&hellip; &iquest;Qu&eacute; es todo lo dem&aacute;s? Est&aacute; a punto de alcanzar la mayor&iacute;a de edad, debe redactar las notas de su viaje a Italia y atraer a Kitty (al que s&oacute;lo una vez ha vuelto a ver) a la fiesta que prepara para la celebraci&oacute;n de su mayor&iacute;a de edad, de su entrada social al mundo.</p><p>Para tan fausto d&iacute;a, y tan se&ntilde;alado como ser&aacute; en la vida de Beckford, contar&aacute; con la ayuda de un extra&ntilde;o personaje, conocido por intermedio del fiel Cozens, llamado Jacques-Philippe de Loutherbourg, decorador, escen&oacute;grafo y especialista (casi mago entonces) en efectos de luz y sonido. Louisa se encargar&aacute; de que Kitty pueda acudir a la fiesta, y Loutherbourg de hacedr de Fonthill, con la ayuda de otros tramoyistas un palacio oriental, un lugar de delirio.</p><p>Es la Navidad de 1781. La tormenta golpea los muros completamente cerrados de Fonthill. Los servidores tienen sever&iacute;simas &oacute;rdenes de no dejar entrar a nadie, y durante los tres d&iacute;as que durar&aacute; la fiesta, ni la "banal" luz del sol podr&aacute; penetrar all&iacute;. Dentro, un decorador de &oacute;pera oriental y nigromancias se presenta. Un <em>hall</em> egipcio, como en piedra tallada, y salones repletos de tapices y alfombras de Persia, y quemadores de perfume, y grandes &oacute;rganos sim&eacute;tricamente dispuestos, y cestos y bandejas de plata repletos de viandas y frutas tropicales&hellip; Vapores arom&aacute;ticos, tis&uacute;es dorados, y los invitados, casi todos j&oacute;venes, solaz&aacute;ndose a su antojo en tal para&iacute;so, mientras suena la m&uacute;sica, y las voces blancas de los tres mejores cantantes de Italia contratados para la fiesta, entonan las arias m&aacute;s renombradas de Mozart o de Cimarosa, o suenan simplemente concatenados conciertos. Hay tambi&eacute;n habitaciones oscuras como templos y galerias decoradas como si fuesen pasajes subterr&aacute;neos bajo alg&uacute;n reino prohibido. Bebidas, viandas, fragancias&hellip; Todo est&aacute; preparado. A excepci&oacute;n de Cotzens y de Loutherbourg, de Beckford y de Louisa, todos los dem&aacute;s son jovencitos y muchachas escogidos en funci&oacute;n de su edad y de su belleza. Un ni&ntilde;o entre trece y catorce a&ntilde;os, descrito despu&eacute;s como "un verdadero Jes&uacute;s de Praga", sirve de paje a la prima del anfitri&oacute;n y ser&aacute; la "ofrenda" de la noche a las potencias del Mal, a las cuales quiere William celebrar. La Saturnal ("estuvimos tres d&iacute;as encerrados" dir&aacute; Louisa) debi&oacute; de ser delirante, y se hizo pronto celebre. &iquest;Muchachitos "sacrificados" al Principe de las Tinieblas? Mejor, muchachitos convertidos ellos mismos en la ang&eacute;lica imagen de Luzbel, en su representaci&oacute;n deseada. De esa fiesta nacer&aacute; <em>Vathek</em>, y de alg&uacute;n modo es el punto central para entender a Beckford: el dandy "gran se&ntilde;or" que sella en la belleza, la intensidad y el delirio, su pacto, su alianza contra el Bien, contra lo Establecido.</p><p>En febrero de 1782, Louisa escribe a William (del que sigue perdidamente enamorada): "Miserable me siento por no tener ahora ninguna peque&ntilde;a v&iacute;ctima a quien preparar para el sacrificio de tus altares". Es el momento en que Beckford redacta, durante tres d&iacute;as, con sus noches referir&aacute; &eacute;l, su cuento &aacute;rabe, <em>Vathek</em>, sin duda su obra literaria m&aacute;s conocida y admirada<em> a posteriori</em>. Lo escribe en franc&eacute;s, para que la transgresi&oacute;n que todo el relato ensalza (correlato de la Navidad de 1781) se refleje tambi&eacute;n en la tr&aacute;nsfuga ling&uuml;&iacute;stica. Parece, sin embargo, que Beckford laboro en su <em>nouvelle</em> cerca de cuatro meses, y que a&uacute;n la trabaj&oacute; m&aacute;s tarde. Meses en los que William sostuvo tambi&eacute;n una vida de placer y de mundanidad: llamando la atenci&oacute;n por sus vestidos y sus maneras. Beckford llegaba a las mejores casas de Londres, auroleado por el esc&aacute;ndalo que ya viv&iacute;a con &eacute;l. Bailar&iacute;n infatigable, cantor, mimo en conversaci&oacute;n y en imitaciones de personajes c&eacute;lebres, decidi&oacute; escribir la m&uacute;sica para una &oacute;pera cuyo libreto har&iacute;a su amiga Lady Craven. Es el momento en que William, en encantador y perverso William, podr&iacute;a autollamarse como un compatriota suyo, y en cierto modo disc&iacute;pulo, se dir&aacute; m&aacute;s de cien a&ntilde;os despu&eacute;s. <em>El Rey de la vida</em>.</p><em><p>Vathek es la historia de la b&uacute;squeda de Eblis, el Luzbel de los mahometanos, por parte de un joven pr&iacute;ncipe, para, entregado al Mal y a sus pompas, gozar del poder y la sabidur&iacute;a que tuvieron los sultanes preadamitas,a los que el propio Vathek (nieto del califa Har&uacute;n) quiere emular. Se trata, pues de una cumbre, muy rom&aacute;ntica del individualismo. Autoafirmarse, y asumir todas las posibilidades que tal "s&iacute;" ofrece. Beckford, que se retrata en la obra, realiza en ella un gesto dandy, pero lo exagera, lo lleva m&aacute;s all&aacute; del gesto mismo, el superhombre es, en alguna manera, divinidad.</p></em>]]></description><pubDate>Wed, 16 May 2007 01:15:00 +0000</pubDate></item><item><title>Tranquila. D&#xE9;jame a m&#xED;.</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/050701-tranquila-dejame-a-mi-.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/050701-tranquila-dejame-a-mi-.php</guid><description><![CDATA[<p>Arrullado por susurros y tras la galopada por las praderas d&eacute;rmicas he dormido y he so&ntilde;ado con el sue&ntilde;o de aquellos que conocen las profundidades. Pero he salido del sue&ntilde;o antes de llegar a los a&ntilde;os decisivos del pez azul, de los lagartos marinos y de los rodaballos... &iexcl;Ah, los rodaballos! Ser&aacute; mejor no mencionar a los rodaballos, porque los rodaballos me retrotraen y mil rodaballos no est&aacute;n tan rodaballeados como yo. Prefiero no mentarlos. La ciudad marina de los rodaballos... M&aacute;s que cualquier otra cosa fueron los rodaballos quienes hicieron que yo regresara a la superficie. El &uacute;nico buen rodaballo es el que avanza por el tubo digestivo. Uno trata de esconderse en la oscuridad, pero no encuentra sosiego. Sin embargo, s&iacute; que vali&oacute; la pena conocer a aquella gaviota que levaba un pendiente. Hasta la fecha s&oacute;lo he visto una gaviota con pendiente. Era de plata. Qu&eacute; magn&iacute;fico trabajo de orfebrer&iacute;a.</p><p>Hoy el rodaballo Sarkozy ha dicho que el 68 queda enterrado. Bien, ha dicho la gaviota, pues viva el 69.</p>]]></description><pubDate>Mon, 07 May 2007 01:41:00 +0000</pubDate></item><item><title>Atoivag</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/050101-atoivag.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/050101-atoivag.php</guid><description><![CDATA[<p>Hab&iacute;amos decidido hacer nuestro primer viaje a Lisboa. La aventura de viajar juntos; la dicha de estar <em>ilocalizable</em>s.<br /><br />Viaje en el coche de S, 6 horas de trayecto v&iacute;a Badajoz Llegada a Lisboa a &uacute;ltima hora de la tarde, La visi&oacute;n desde el puente 25 de Abril ha sido portentosa: a la izquierda la inmensidad del Tajo abri&eacute;ndose al Atl&aacute;ntico, y a la derecha la ciudad subiendo y bajando por las colinas, desparram&aacute;ndose hasta la orilla del r&iacute;o que es casi mar. Lisboa reposando en el &aacute;mbito de una tarde m&aacute;s, cotidiana y lenta, pero a la que yo asist&iacute;a como a algo nuevo, sorprendente y encantad&iacute;simo de compartir estas emociones con la bell&iacute;sima S. Una extensi&oacute;n de barrios desconocidos, sobre los que carec&iacute;a de puntos de referencia y que ya nunca m&aacute;s, desde ese instante, iba a contemplar con la misma extra&ntilde;eza. Una vez pasado el puente, ya dentro de la ciudad, la visi&oacute;n de las primeras calles, de los primeros lisboetas, de los primeros coches... . Hemos parado en una zona donde estuve en mi &uacute;ltima visita: Campo Grande. Hemos aparcado en un parking pr&oacute;ximo y hemos cruzado la avenida y nos hemos parado en un parque cercano, a respirar los primeros aires de Lisboa.Tenemos reserva en un hotel cercano a Campo Grande pero me entra una leve sensaci&oacute;n de desamparo ante la ciudad completamente desconocida, hemos caminado un rato, sin prisas, sin destino.Ir con S hace que todo me resulte m&aacute;s dulce y llevadero. Una vez que nos hemos instalado en el hotel es cuando he sentido que de verdad hab&iacute;amos<em> </em>llegado a Lisboa. Ya hab&iacute;a pasado lo m&aacute;s trabajoso del viaje. (Todas las torpezas e indecisiones como copiloto me han hecho ver que m&aacute;s que viajar, es decir, desplazarme; lo que me gusta es <em>establecerme</em> en ciudades.)<br />.....Tras ducharnos (juntos) hemos heho el amor por primera vez en una ciudad que no es la nuestra. Despues de tantas horas ten&iacute;a unas ganas de follar tremendas,la determinaci&oacute;n que traiamos en nuestras cabecitas locas ha sido imparable. Ella folla tan jodidamente bien que me quedar&iacute;a que me gustar&iacute;a prolongarlo per secula seculorum pero hemos venido a hacer cultura viajera. Despues de deshacer la maleta hemos salido a dar nuestro primer paseo. Desde el principio, ninguna emoci&oacute;n exagerada, ning&uacute;n arrebato, sino el sereno y dulce acomodamiento a una ciudad que me ha parecido la m&iacute;a. Hemos o&iacute;do el portugu&eacute;s, hemos observado a la gente, hemos respirado el aire de las calles y nos hemos sentido integrados con una suavidad que no me ha dejado de sorprender. Hemos tomado un taxi a la Pra&ccedil;a do Rossiy desde all&iacute;, hemos bajado por la Rua Augusta, con paso lento, contemplativo, deleitoso. Me ha alegrado ver la enorme cantidad de negros (y de negras) que hay en Lisboa; la sensualidad general de todas las muchachas aunque la belleza de S me ha mantenido bastante absorto en ella. Hemos llegado a la Pra&ccedil;a do Com&eacute;rcio, nos hemos asomado al muelle: la noche reposando en el agua oscura, las luces de la ciudad, el puerto a la derecha... Tras caminar un rato en la otra direcci&oacute;n, por la Avenida Infante D. Henrique, completamente vac&iacute;a, y asomarnos a algunos callejones de Alfama, construidos de materia antigua, medieval, hemos regresado a la Pra&ccedil;a do Com&eacute;rcio, hemos subido otra vez por la Rua Augusta y all&iacute; nos hemos sentado en una terraza muy animada, donde he pedido "uma cerveja" y S un beefeater. Eran las once de la noche.Luego hemos regresado a los lugares donde nos dej&oacute; el taxi, para contemplarlos mejor: la Rua do Carmo, la Rua Garrett... Hemos seguido subiendo hasta el Bairro Alto. Hemos inspeccionado los locales nocturnos de la Rua Diario de Noticias y de la Rua da Atalaia: hab&iacute;a bastante animaci&oacute;n,. </p><p>Ha vuelto a asaltarme la sensualidad, un deseo tierno de contacto con S y nos hemos besado durante largo rato. Abrazados hemos seguido caminando y, de repente, algo inesperado: un mirador, que luego hemos identificado como el de S&atilde;o Pedro de Alc&acirc;ntara, y la primera visi&oacute;n desde arriba de la ciudad. El mar al fondo (o ese r&iacute;o que es mar), el Castelo de S&atilde;o Jorge, los edificios viejos, iluminados, el cielo con la luna a punto de completarse, el rumor vivo de la ciudad.</p><p>Nos sentamos en el banco de un jard&iacute;n. Se est&aacute; bien aqu&iacute;. La luz de la luna hace maravillas con las plumas irisadas de unos patos azulones que nadan en el estanque. Dos formas de belleza, los ojos de S y unos reflejos irisados. Trato de imaginar qu&eacute; har&iacute;a un artista con eso.</p><p>Hemos regresado m&aacute;s tarde al hotel, tras andar otro buen rato, con la cabeza llena de im&aacute;genes y la sensaci&oacute;n de estar en Lisboa como si fuera nuestra ciudad.</p><p><a href="http://www2.blogger.com/post-edit.g?blogID=14663999&amp;postID=116303486228073121"></a></p>]]></description><pubDate>Tue, 01 May 2007 01:27:00 +0000</pubDate></item><item><title>Curiosidad. Por las ni&#xF1;as de tus ojos.</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/040801-curiosidad-por-las-ninas-de-tus-ojos-.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/040801-curiosidad-por-las-ninas-de-tus-ojos-.php</guid><description><![CDATA[<p>Una noche, hace muchos a&ntilde;os, cruzaba la carretera con cuatro amigos cuando un coche volvi&oacute; la esquina y empez&oacute; a pitarnos. Nosotros estabamos haciendo el ganso, pero el conductor no ten&iacute;a motivos para tocar el clax&oacute;n. Le hice el gesto que todos conocemos, y el coche fren&oacute; en seco y de el bajo un tipo bajito que se acerc&oacute; a nosotros coloc&aacute;ndose unos guantes. "&iquest;Qu&eacute;?", dijo con una vocecita nada temible. Eso fue todo.</p><p>"Nosotros pensamos: "Este t&iacute;o sabe que somos cinco. Ve claramente que hay uno, dos, tres, cuatro, cinco t&iacute;os, y &eacute;l va solo. No parece borracho, ni le acompa&ntilde;a una chica a la que impresionar". En cualquier ciudad, por la noche, si uno va por la calle y se encara con cinco t&iacute;os no se arriesga a que le dejen un ojo a la virul&eacute; sino a pasar toda la vida en una silla de ruedas. O es el m&aacute;s macho de la ciudad o un temerario con dos pares. Mis amigos y yo nos miramos y el t&iacute;o grit&oacute;: "Me lo imaginaba", y regres&oacute; al coche. Muchas veces pens&eacute; en esa escena. A veces me di&oacute; rabia no haberlo intentado, porque ten&iacute;a curiosidad por saber si el t&iacute;o lo dec&iacute;a en serio. La curiosidad es lo que peor se lleva.</p><p>Hace tres meses una t&iacute;a que caminaba con otras dos se me cruz&oacute; en la noche y me dijo "&iquest;Qu&eacute;?" las otras dos la jalearon con un ritmo gracioso y parlanch&iacute;n.</p><p>El viernes santo hicimos un m&eacute;nage a quatre en Toledo</p>]]></description><pubDate>Sun, 08 Apr 2007 23:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Primavera</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/032301-primavera.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/032301-primavera.php</guid><description><![CDATA[<div class="comment-body"><p>Una cena en un templo Shaolin:</p><p>Discipulo:</p><p>-Sabio Maestro, &iquest;podr&iacute;a decirme cu&aacute;l es la diferencia entre una perla y una mujer?</p><p>&nbsp;</p><p>Maestro:</p><p>-La diferencia, humilde aprendiz, es que a las perlas, esas gotas de mar enhebradas, se les puede entrar por dos lados, mientras que a una mujer s&oacute;lo por un lado.</p><p>&nbsp;</p><p>Discipulo (un tanto confuso):</p><p>-Pero Maestro, la eternidad me guarde de contradecir vuestra himalayica sabidur&iacute;a pero, o&iacute; decir que ciertas mujeres permiten entrar por los dos lados.</p><p>&nbsp;</p><p>Maestro (con una sonrisa delicada y una mirada de soslayo):</p><p>-En ese caso, disc&iacute;pulo afanoso, no se trata de una mujer sino de una perla.</p><p>&nbsp;</p><p>Meditemos</p></div>]]></description><pubDate>Fri, 23 Mar 2007 19:58:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bam Bam. En recuerdo a Hunter S. Thompson</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/032101-bam-bam-en-recuerdo-a-hunter-s-thompson.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/032101-bam-bam-en-recuerdo-a-hunter-s-thompson.php</guid><description><![CDATA[<p>Hace mucho tiempo, en 1966, el periodista norteamericano Hunter S. Thompson (que en paz descanse) escribi&oacute; un libro sobre los &Aacute;ngeles del Infierno, la pandilla motera de la Costa Oeste, gracias al cual los perplejos lectores se enteraron de algunas de las peculiaridades de la m&aacute;s violenta de las tribus urbanas de aquella &eacute;poca. Los Hell&acute;s Angels recorr&iacute;an el pa&iacute;s montados en Harleys, bebiendo cerveza en grandes cantidades y enfrasc&aacute;ndose en peleas que hoy nos parecen m&aacute;s pintorescas que sangrientas, aunque sin duda alguna, alguna de las grescas de los &Aacute;ngeles tambi&eacute;n fue sangrienta, sin olvidar aquel penoso incidente donde acuchillaron hasta la muerte a un espectador en un concierto de los Rolling Stones mientras Mick Jagger en el escenario nos hablaba de su simpat&iacute;a por el diablo. la est&eacute;tica de los &Aacute;ngeles surgida de la mitolog&iacute;a del western y su prestigio, el prestigio de los "desperados", los que eligen, al un&iacute;sono, la libertad y la desmesura, j&oacute;venes blancos proletarios, machistas y racistas, sin estudios y con trabajos eventuales, dir&iacute;ase los futuros integrantes de las hermandades arias que crecieron en las c&aacute;rceles de Estados Unidos cuando el sue&ntilde;o de los &Aacute;ngeles, las carreteras interminables, se agot&oacute; en su propia inanidad. Thompson convivi&oacute; con ellos durante unos meses esquizofr&eacute;nicos y agotadores y el resultado es este libro salvaje (como todos los que, por otra parte, escribi&oacute; Thompson, que siempre fue el m&aacute;s salvaje de los &Aacute;ngeles. En Miedo y asco en las Vegas llevada al cine e interpretada por mi querido Benicio del Toro, somos conscientes de como vivio Thompson su alocada vida). En sus p&aacute;ginas legibles pese a los m&aacute;s de treinta a&ntilde;os transcurridos, volvemos a vivir las fiestas de la pandilla dionisiaca en la california de los beatinicks y del nacimiento de los hippies, las orgias y el comercio sexual cutre en el que los &Aacute;ngeles eran expertos, las razzias policiales y los vanos e ingenuos intentos de Allen Ginsberg de reconducir ideol&oacute;gicamente a estos descerebrados. &iquest;Qu&eacute; se hizo de los &Aacute;ngeles del Infierno? A&uacute;n hay algunos en la Costa Oeste pero ya no provocan miedo a nadie. Su prestigio es otro souvenir para los visitantes holliwoodienses. Cualquier banda de pachucos o negros (antes tan despreciados por los moteros) ser&iacute;a capaz de exterminarlos en una sola noche.</p>]]></description><pubDate>Wed, 21 Mar 2007 01:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>"Te voy a meter todo" Seduciendo con palabras</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/030201--te-voy-a-meter-todo-seduciendo-con-palabras.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/030201--te-voy-a-meter-todo-seduciendo-con-palabras.php</guid><description><![CDATA[<p>Tiene el ejercicio del amor (tomado en su parte menos elevada, es decir, como un ejercicio) ciertas posiciones y propuestas dif&iacute;ciles de verbalizar. Los amantes que deseen referirse a ellas no disponen de muchas posibilidades si quieren huir de las expresiones soeces. No se puede acudir en pleno romanticismo a verbos como "lamer", "chupar", "empujar"... La seducci&oacute;n de la sem&aacute;ntica llegar&aacute; en ayuda de quien se la pida al dios del lenguaje.</p><p>Y es aqu&iacute; donde recuperan su sonido las s&iacute;labas, y todo su sentido las met&aacute;foras que nos ense&ntilde;aron los poetas. Cuando alguien deseche el verbo "chupar" y escoja "acariciar" (tal vez "acariciar con la boca") habr&aacute; cambiado la representaci&oacute;n m&aacute;s chabacana de la succi&oacute;n, inserta en su misma sonoridad, por la m&aacute;s elegante expresi&oacute;n de lo delicado. Lo delicado que se contagia de esa i intermedia, lo delicado de las ies de "acariciar", una palabra que dej&oacute; en el espa&ntilde;ol el idioma italiano ("carizzie"), transportador de tantos conceptos de lo refinado. "Acariciar" implica siempre ternura, pasar las yemas de los dedos suavemente por la cara, por los brazos, por las manos... Acariciamos a nuestros seres queridos, acariciamos una idea que esperamos realizar.</p><p>&iquest;Quieres que te acaricie ah&iacute; con mis labios? &iquest;Quieres que te bese ah&iacute;? Y "ah&iacute;" tendr&aacute; un valor semejante al "acariciar" que me refer&iacute;a antes. La proximidad de los amantes bien puede permitirse un adverbio tan cercano.</p><p>Esa caricia llena de ies aun cuando s&oacute;lo disponga de dos, caricia, se puede aplicar a los lenguajes m&aacute;s prohibidos para el lenguaje. Porque la caricia est&aacute; connotada con el cari&ntilde;o, t&eacute;rminos ambos que tal vez por casualidad empiezan igual y que no por casualidad se hallan pr&oacute;ximos en la mente humana una vez que han empezado igual, acuden juntas a los circuitos cerebrales como han demostrado los psicoling&uuml;istas. Acaricia, cari&ntilde;o... caritativo... El diccionario mental nos envia a la mente inconsciente toda esa p&aacute;gina hermosa cada vez que o&iacute;mos la voz "caricia". Y en este caso seduce su sonido.</p><p>Las met&aacute;foras, los olores de las palabras y los valores de las letras seducen, pues, en la poes&iacute;a y tambi&eacute;n en el juego amoroso, incluso en el momento &aacute;lgido, el culmen de la relaci&oacute;n sexual. Los amantes delicados no se referir&aacute;n entonces a un verbo como "meter", vulgar donde los haya, porque podemos meter la pata, meternos con alguien, meternos en un lio, meter miedo. Tantos valores peyorativos acompa&ntilde;an a "meter" y "meterse" que por fuerza se ha contaminado para la funci&oacute;n a la que ahora aludo, y hasta resulta estil&iacute;sticamente poco recomendable para cualquier escrito. En "meter" y no digamos ya en "romper" se percibe vigor pero tambi&eacute;n suciedad. Y tampoco servir&aacute; para esta situaci&oacute;n la palabra "penetrar", que los forenses y los polic&iacute;as pronuncian con rigor profesional; porque la penetraci&oacute;n implica violencia, se consigue con dificultad, y puede alcanzar un grado de agudeza; y as&iacute; sentimos el fr&iacute;o penetrante, el dolor penetrante. La fuerza descriptiva de "penetrar" se torna nula si buscamos la fuerza de la seducci&oacute;n, porque la historia de las palabras y las compa&ntilde;&iacute;as regulares que hayan tenido influyen en la manera de percibirlas.</p><p>El amante certero preguntar&aacute; entonces, por ejemplo: "&iquest;Quieres que entre en ti?". Frente a "meter" frente a "penetrar" se connota en cambio con la naturalidad: entra el a&ntilde;o, entran las estaciones, entra el mes entrante, todo sucede con "entrar", como si formase parte de un designio sencillo, entra un libro hablando de tal cosa, entra el coche en el garaje. Entra un instrumento en una sinfon&iacute;a, nos entra una camisa, nos entran los zapatos... y todo ello es natural. Qu&eacute; diferencia con "tengo que meterme los zapatos", "hay que meter un instrumento", "mete tal cosa en el cuaderno que escribes"... Meter implica forzar,entrar sugiere pasar (la suavidad de esta s).</p><p>"Me gustar&iacute;a entrar dentro de ti", propondr&aacute; el hombre. "Me gustar&iacute;a que estuvieras dentro de m&iacute;", ofrecer&aacute; la mujer. Y "dentro" adquiere un valor inmenso en la seducci&oacute;n, porque, obviamente, una vez que se entra se est&aacute; dentro; pero el hombre deber&aacute; entrar y ese verbo va ligado a la inconsciencia de otra acci&oacute;n seductora, que se percibir&aacute; como "adentrarse", verbo que se contagia del anterior y da idea de suavidad progresiva, de sigilo, como el enemigo que se adentra en las filas enemigas, despacio. Adentr&aacute;ndose, el amante ocupa el valor total de las palabras, el que cada una toma por si misma y por sus vecindades. "Dentro" fue en lat&iacute;n <em>de intro</em>, emparentada con "intro-ducir", o conducir dentro, m&aacute;s tecnica esta voz, menos sugerente pero tambi&eacute;n m&aacute;s dulce que "meter" y a la que sustituye con ventaja.</p><p>Ya dentro de ti el placer. La palabra placer, seductora por s&iacute; misma y acompa&ntilde;ada por "juntos", representa s&oacute;lo la proyecci&oacute;n sensitiva del acto sexual. Pero esa proyecci&oacute;n en el pensamiento lleva aparejada la imagen misma de la uni&oacute;n carnal, reforzada adem&aacute;s por el efecto metaf&oacute;rico y por las veces en que hemos asociado su sonido a una situaci&oacute;n agradable. LLegamos as&iacute; a la conclusi&oacute;n de que la mera pronunciaci&oacute;n de la palabra "placer" ya lo produce.</p>]]></description><pubDate>Fri, 02 Mar 2007 19:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>Mundo narrativo</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/022301-mundo-narrativo.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/022301-mundo-narrativo.php</guid><description><![CDATA[<p>Poemarios.</p><p>Los conjurados. Borges</p><p>Ladera este. Octavio Paz</p><p>Alcoholes. Apollinaire</p><p>Prufrock y otras observaciones. T.S. Elliot</p><p>&nbsp;</p><p>Novelas.</p><p>La educaci&oacute;n sentimental. Gustave Flaubert</p><p>Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar</p><p>La hora de la estrella. Clarice Lispector</p><p>El factor humano. Graham Greenne</p><p>Mem&oacute;rias p&oacute;stumas de Blas Cubas. Machado de Asis</p><p>La vida exagerada de Mart&iacute;n Roma&ntilde;a. Alfredo Bryce Echenique</p><p>&nbsp;</p><p>Ensayos filos&oacute;ficos.</p><p>Schopenhauer y los a&ntilde;os salvajes de la filosof&iacute;a. Safranski</p><p>Maditaci&oacute;n sobre el poder. Eugenio Trias</p><p>Crep&uacute;sculo de los idolos. Nietzsche</p><p>Breviario de podredumbre. Cioran</p><p>Diccionario de las artes. Felix de Az&uacute;a</p>]]></description><pubDate>Fri, 23 Feb 2007 12:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Frenando a Fernando</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/013001-frenando-a-fernando.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/013001-frenando-a-fernando.php</guid><description><![CDATA[<p>Lo cierto es que no esperaba mucho del estreno en un telediario de Fernando S&aacute;nchez Drag&oacute; y las expectativas han cumplido su escepticismo.</p><p>Un tipo engastado en casticismos de frases hechas y de citas solapadas, ese estilo de barroquismo que nada dice. El deseo explicito de Drag&oacute; es el de transmitir un mensaje, para eso le ha contratado la presidenta de la Comunidad de Madrid con nuestros impuestos. M&aacute;s que un telediario con mensaje, Drag&oacute; es un predicador. La entrevista a Ortega Lara ha sido utilizada &uacute;nicamente para soltarnos un serm&oacute;n. El serm&oacute;n de la monta&ntilde;a de S&aacute;nchez Drag&oacute;. Los predicadores nunca bromean, y este individuo, predica su pasi&oacute;n viajera, su antieurope&iacute;emo militante, sus prejuicios antidemocr&aacute;ticos, su m&iacute;stica oriental, su quijot&iacute;smo sublimado y tantas cosas m&aacute;s. Poco importa que el resultado de su predicamento tenga mucho de empanada mental, su megaloman&iacute;a est&aacute; por encima de contradicciones. Y es que,como cualquiera de esas sonrientes y alborotadas divinidades asi&aacute;ticas, S&aacute;nchez Drag&oacute; tiene ocho brazos, y los ocho le se&ntilde;alan a &eacute;l mismo. </p><p>Un minuto del nuevo telediario de Drag&oacute; es como una hora sin anestesia en el dentista.</p>]]></description><pubDate>Tue, 30 Jan 2007 01:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Beefeater</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/012101-beefeater.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/012101-beefeater.php</guid><description><![CDATA[<p>En la traicionera foto&nbsp;aparec&iacute;an un par de deslumbrantes gluteos, que resultan prodigiosos incluso en medio de tanto prodigio. Parecen un geom&eacute;trico dibujo, un monumento m&aacute;s que una parte del cuerpo. Las piernas largas y los senos c&oacute;nicos la condenan a soportar a los trastornados y a los ga&ntilde;anes egoc&eacute;ntricos m&aacute;s repelentes, pero ella s&oacute;lo te sacar&aacute; el hielo de la boca si le gustas de verdad y eso en estos tiempos en los que vivimos una severa promiscuidad es todo un lujo.</p><p>Haber aportado dos criaturas al mundo no constituye sino una prueba m&aacute;s de la indestructibilidad de su belleza. Es de esas mujeres que te dan ganas de pararlas en la calle y darle la mano para felicitarlas.</p><p>Tras la &uacute;ltima capitulaci&oacute;n textil resulta todo conocido pero no por ello deja de sorprendernos, parad&oacute;jicamente.</p><p>Pasa enfurecido y endurecido todo el d&iacute;a. &iexcl;Reventar&aacute; si no mete su lengua en su boca empapada de saliva. Si no chupa sus pechos, si no muerde y palmea sus nalgas, si no frota su pie izquierdo en su sexo caliente y viscoso antes de enterrarle ese m&uacute;sculo hinchado de sangre que es que no sabe que hacer con el en todo el d&iacute;a! &iexcl;Rugidos de leopardo con varios venablos mortales en la espina dorsal, en la tripa, en los cuartos traseros, pero sobre todo, sobre todo en la cabeza, escroto en llaga viva del esp&iacute;ritu!. Se consuela con el recuerdo y las fotos robadas y hundiendo la cabeza hasta el fondo de la almohada en busca de huellas olfativas. Elle.</p>]]></description><pubDate>Sun, 21 Jan 2007 19:48:00 +0000</pubDate></item><item><title>Un poco de b&#xE1;lsamo</title><link>https://drungo.blogia.com/2007/011801-un-poco-de-balsamo.php</link><guid isPermaLink="true">https://drungo.blogia.com/2007/011801-un-poco-de-balsamo.php</guid><description><![CDATA[La estima de uno mismo es importante, pero tambi&eacute;n lo es la estima a los dem&aacute;s, que suele ser tan importante al menos como a uno mismo. As&iacute; como quien se subestima cae simpatico, quien se sobreestima cae gordo. Cu&aacute;ntas personas pat&eacute;ticas he comnocido con la estima por las nubes que sueltan sin pudor y sin venir a cuento esas urracas disfrazadas de cisnes: <em>&Eacute;sa est&aacute; coladit&aacute; por m&iacute;. Yo juego al squash bastante bien. Yo no leo lo que la mayor&iacute;a, paso de los best sellers. Yo no viajo a donde viaja todo el mundo. Yo soy bastante especial. Yo, yo, yo... Que los&nbsp;zurzan si mienten; si no mienten que les den una sobredosis de humildad.</em>]]></description><pubDate>Thu, 18 Jan 2007 13:27:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
