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Drungo

Es bueno comprar libros si, pero también sería bueno poder comprar el tiempo para leerlos pues casi siempre se confunde la compra de un libro con la apropiación de su contenido.

Pretender que alguien retenga todo lo que ha leido es como exigir que lleve consigo todo lo que ha comido. Ha vivido fisicamente, en cuanto al cuerpo, de lo que ha comido, y ha vivido espiritualmente de lo que ha leído, y gracias a eso ha llegado a ser lo que es. Lo mismo que el cuerpo asimila tan sólo lo que es homogéneo, así cada uno conservará en sí lo que le interesa; es decir, lo que se adapta a su sistema de pensamiento o a sus fines. Fines, de hecho, los tenemos todos, pero algo parecido a un sistema de pensamiento lo tienen pocos; por eso nada despierta en ellos un interés objetivo y, por eso, no queda nada tras la lectura: no retienen nada.

  Repetitio est mater studiorum. Todo libro importante debe ser leido enseguida dos veces, en parte, porque la segunda vez se captan mejor las cosas en su concatenación y tan sólo se entiende bien el principio después de haber conocido el final, en parte, porque, en cada pasaje, la segunda vez nos encontramos en un estado de ánimo diverso, respecto a la primera, y, por ello, tenemos una distinta impresión, como cuando vemos, bajo otra luz, un objeto.

En cualquier caso, nada existe tan reconfortante para el espíritu como la lectura de los antiguos clásicos: apenas hemos tomado uno en las manos, aunque sólo sea durante media hora, enseguida nos sentimos refrescados, aligerados, purificados, con el espíritu más elevado y reforzado; igual que si hubiésemos bebido en un fresco manantial que brota entre las rocas.

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