La distinción y sus mistificaciones: el dandy, el snob, el kitsch
La cursileria se opone a la elegancia y a la distinción, pese a que a ellas aspire el cursi en su fuero interno. Lo que sucede es que las concibe erróneamente y transtorna sus fundamentos, cuando no yerra el camino para conseguirlas -o por no elegir bien las materias primas, o por falsear el procedimiento y la mano de obra. Lo cursi se reduce, pues, en última instancia, a "una aspiración mal enderezada". Degustadores del refinamiento como Barbey d´Aurevilly quien, a propósito del dandi romántico George Bryan Brummell, separaba la distinción de la copia y el original, de la réplica:
¡Cuántos vendrán a contemplarse en él atusandose el bigote, unos para reconocerse y otros para hacerse... ¡Brummelles!
No lo conseguiran. No hay modo de hacerse Brummell, somos o no lo somos.
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