Uno de los nuestros
Quevedo, que vio tantas cosas, vio la declinación de su España y la cantó en famosos y nobles versos y en una epístola que se atreve a empezar con un verso un tanto ridículo (No he de callar por más que con el dedo), porque su autor sabía, como Shakespeare -otro imprescindible- que cualquier principio era bueno y que su genio era capaz de proseguir y de levantar el poema. Siempre lo arrebató la pasión política, distraido por las ruinosas guerras de Flandes y por las esperanzas cortesanas, puede afirmarse que no vio el descubrimiento de América, de la que sólo le importaron los metales preciosos y los galeones acosados por los corsarios. Era un hombre sensual y hubiera querido ser un asceta, y acaso alguna vez lo fue, ya que algo monacal había en él. Saboreaba cada palabra del idioma español. La germánia del hampa y el dialecto de Góngora, su enemigo, le interesaron por igual. Exploró el hebreo, el árabe, el griego, el latín, el italiano y el francés. Leyó a Montaigne a quién llama el señor Montaña, pero éste nada pudo enseñarle. Ignoró la sonrisa y la ironía y le complacía la cólera. Su obra es una serie de experimentos o, mejor dicho, de aventuras verbales.
El Marco Bruto es una nostalgia del latín que aún perdura en todos los idiomas occidentales. En sus trabajadas sentencias el castellano es casi latín. Quevedo había traducido el Rómulo del marqués de Malvezzi, que sería su modelo. Parrafo por parrafo va traduciendo y comentando el texto griego de Plutarco.
Don Francisco de Quevedo y Villegas ha sido el más noble estilista español.
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El q tu quieras -
En 1572 fray Luis de León fue procesado por la Inquisición, excitada por las denuncias de algunos colegas: le acusaban de prestar más atención al texto hebreo de la Biblia que al latino. La inculpación aludía a que tenía ascendientes judíos, cosa muy mal vista en la sociedad de aquel tiempo, pero más frecuente de lo que ésta reconocía. El encarcelamiento del sabio catedrático duró más de cuatro años y acabó en nada. El día en que retornaba a su cátedra había gran expectación en Salamanca, y el aula, que todavía se conserva, estaba abarrotada, pendiente de las palabras del perseguido. Es fama que comenzó:
"Dicebamus externa die..."
Lo cual viene a significar "Tiempo atrás...o decíamos ayer..."
Seis años después de aquella supuesta frase, en 1582, fue procesado de nuevo por la Inquisición.