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Drungo

Descojono

Descojono

Ella está boca arriba en la cama. Se ha quitado el sostén y las bragas y yace en actitud tentadora. El tiene la verga tan ridiculamente empalmada que se le engancha en el ombligo. Es un jefazo de ventas de El corte inglés y su porte presuntuoso lo confirma: pecho perfecto, cadera estrecha. Se pavonea un instante.

A Ella no le gusta mucho, pero ha de admitir que no sabe resistirse a sus impulsos. Jefe de ventas la mira como si estuviera mirándose en un espejo en el que mira su mirabilidad; da con sus dedos un par de golpecitos anticipatorios a la estatuilla número uno que nace en su entrepierna.

La habitación está en penumbra. Rebosante de veteranía. Jefedeventas se sitúa en el vano de la puerta, arqueado sobre el umbral, que es la linea de salida; sólo tiene que pegar un salto. Polla en ristre, la coloca encima de Ella para que sienta su calor. De manera perfecta deposita pequeños besos sobre sus pechos y ella gime. Ha sido una buena idea. Introduce luego la teta izquierda de ella en su boca; se ha dado cuenta de su capacidad bucal y se lo toma como si fuera un hallazgo revolucionario. Ella se ve envuelta en un aroma triunfante de jabón y almizcle. Jefedeventas se retira un poco hacia atrás.

-Esto te puede doler -le dice, anunciando la presión.

Se oye un pequeño "oh", otro intento y otro leve quejido.

-Espera -dice, y enciende la luz.

Se mira fijamente el paquete y levanta la mano. Está manchada de rojo. Mientras Ella piensa que no le ha dolido nada, ve que a él se le ha rasgado el capullo y gotea sangre.

El horror invade cada músculo de la cara de Jefedeventas. Se concentra, porque no quiere hacer nada repentino o insensato antes de que lo vean los mejores médicos del mundo. Acariciando su aparato como si fuera un mesías agonizante, lo envuelve con vendas.

-Llama a una ambulancia -susurra, temiendo que si habla más fuerte se agrave la ruptura.

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