Tuve que invitarla a un maritrini
Pienso ahora, no sé, que C y yo no habríamos sido felices porque los dos habíamos sido felices e infelices mucho antes de conocernos, cada uno en su vida: ella en su infancia (su edad de oro bruñido, brillante en su impresionante memoria) y yo algo más tarde, y hay cosas que tienen mala solución: si has estado en contacto, aunque sólo haya sido una vez, con la felicidad y luego entras en contacto continuo con algo que no es exactamente la felicidad, ya nada tiene buena compostura, porque la felicidad es una torre que roza el cielo, y si esa torre se derrumba, casi nadie se siente con fuerzas para levantar otra torre... a menos que sea una torre de las que venían en los juegos reunidos, claro está. (Además, la segunda de las reglas de la Orden de Pitágoras aconseja no recoger lo que se ha caido.) (La primera -algo más discutible- es la que prohibe comer habas.) (La décima, por su parte, prohibe comer corazón.) (Fue un hombre raro Pitágoras, ¿verdad?: mago, santón y matemático; y les hablaba a los animales, porque él creía en la transmigración del alma, de jmodo que una lechuza podía haber sido en una vida anterior Demócedes de Crotona, galeno que fue de Polícrates, o un anónimo talabartero de Samos.) (Y por eso Pitágoras hablaba a los animales: nunca sabemos a qué sanguinarios emperadores, a qué brujos escandinavos o a qué acaudalados comerciantes fenicios estamos asesinando cuando apretamos el spraydel matamoscas.) (El jonio Jenófanes se burlaba, por cierto de Pitágoras y de esa teoría suya.) (Aunque lo mismo acabó Jenófanes transmigrado en cualquiera sabe que animal detestable, porque nunca se sabe con estas cosas.) (Además, según Apuleyo, Pitágoras visitó la India y fue instruido allí por los brahmanes.) (que se dice pronto.)
Pero hablaba yo, ¿no es cierto?, de la felicidad, ese concepto tan contradictorio, que incluso puede ir asociado al dolor supremo. La felicidad... ¿En qué consiste la felicidad?
Al menos en teoría, no se trata tanto de una convulsión dichosa como de la posibilidad serena de disfrutar y, en consecuencia, no anhelar inútilmente nada, no alimentar rencores abstractos, no arañar con desesperación el tejido de lo impalpable. Pero el problema radica en la condición esencial del ser humano, a saber: desear lo que no tiene y menospreciar cuanto posee, porque el deseo es el más veleidoso de los sentimentos. un niño en una jugueteria.
Pero, en fin, a lo que iba: las épocas que siguen a un fracaso sentimental suelen tener sobre el organismo un efecto parecido al de una resaca de napalm con piña colada, ya que suele ser una temporada bastante tenebrosa. Puede uno pasar una buena temporada en el país de la Utopía Delirante. Y ahí solo podemos tirar de los disfraces tragicómicos del tiempo para sobrellevar esa travesía del desierto
1 comentario
Oceanne -
¿sabes quién soy?