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Drungo

Coños acaudalados

Coños acaudalados

Bicoca levantó de la cama mi ejemplar de El arte de amar de Ovidio. Siempre he pensado que los romanos estaban algo malcriados porque quien se ocupaba de impulsar sus carreras por ellos era ese monstruo, ese carro poderoso de sexo y conquistas; el Imperio. Pero Ovidio siempre emocionó mi respeto por conformar una vocación a partir de su autoindulgencia y por hacer bibliografia de su sensualidad; un genio que aunque fue relegado por Augusto a los confines últimos del Imperio su obra es un clásico. Uno que murió con la cuchillería en la mano.

Las teorías son teorías. El verdadero secreto del Universo es ser capaz de disfrutarlo. Disfrutar lo que uno tiene. (decíamos ayer) Eso hará que los cielos se meneen.

Hicimos lo mejor que pudimos.

Ya en la puerta, ella se detuvo y me estudió como si tuviera una sala del Prado sobre mi frente. Entonces me pegó una bofetada.

--¿Qué es esto?

--Un adelanto. Acabarás haciendo algo que me desilusionará, y en ese momento tal vez no esté cerca para dartela.

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