Fuego alegre en los ojos
El principio, cuando aún es un misterio ver como se desnuda tu amante, cuando sus frases aún te suenan a revelaciones, cuando tus manos tiemblan por la sorpresa de ir descubriendo los huecos y volúmenes de su cuerpo denso y misterioso... Pero, en fin, como todo dios sabe, hay dos etapas amorosas. una primera en la que alguien te gusta cada vez más y una segunda etapa en la que ese alguien te gusta cada vez menos. La primera etapa suele ser breve, la segunda no tanto. (El merito consiste, creo yo, en no mitificar esa primera etapa y en procurar que la segunda no degenere en un continuo estado de espanto emocional.) (Pero a saber...)
Por supuesto no hay certezas absolutas, pero estoy casi convencido de que el problema de casi todas las relaciones amorosas es de orden involutivo. Sí, involutivo, porque haces el camino que va del fascinado extrañamiento mutuo a la mutua confusión de corazones, para luego dar marcha atrás y regresar al punto inicial: la mutua extrañeza, sin grado alguno ya de fascinación. Y parece lógico que sea así, ya que te enamoras de una persona en un periodo psicológico concreto para los dos, pero todo pensamiento está hecho de tiempo, y el tiempo si no sabes cadenciarlo es corrosivo y disolvente, una portentosa maquinaria que tritura a diario la conciencia hasta que llega el momento en el que ambos se preguntan. "¿Quién es esta persona que duerme junto a mí, que folla conmigo sin cobrarme, que come lo mismo que yo como, que entra en mi casa sin llamar?" Pero lo más desconcertante de todo es que a veces también terminais preguntandoos "¿Quién es esta persona extraña que estaría dispuestaa dar la vida por mí, y por la que yo daría, casi sin dudarlo, la vida?". Y es que toda relación amorosa crea vinculos irracionales, rebeldes a cualquier análisis lógico.
A veces creo que con el amor ocurre algo similar a lo que ocurre con los electrodomésticos: se nos estropea la lavadora y nos vamos a la cama con la esperanza de que, durante la noche, despues de unas horas de reposo, la lavadora se arreglará sola. "Mañana funcionará", nos decimos antes de dormir, porque la perspectiva de pagar a un traumatólogo de lavadoras es algo que entusiasma a muy poca gente. "Mañana recuperará la lavadora el vigor del centrifugado", nos decimos. Pero llega la nueva mañana y la lavadora sigue sin funcionar, como es lógico. Pues bien, con las averias del amor sucede algo similar: pensamos que van a arreglarse por arte de magia, pero muy pocas veces ocurre eso, porque una averia es siempre una averia. Y es que los fallos en los circuitos de las lavadoras y en los circuitos amorosos no se deben a la intervención de duendes caprichosos, sino que en ambos casos se trata de fallos mecánicos. Por ello, al igual que en la filosofía hay que estar inventando frases sin parar, con la esperanza de que alguna pegue en la conciencia colectiva, en las relaciones hay que estar atentos permanentemente a cualquier cambio a la voluntad existente en nosotros.
El secreto del amor puede ser tan simple como una simple pregunta: ¿quién va a dejar de amar a alguien si puede seguir amando?
4 comentarios
peorimposible -
mua (ya sabes que TKM)
Veronica Lake -
Una que sabe -
Oceanne -