Cartas a su hijo
Disfruta de los placeres, con tal de que los sientas como propios: sólo así los disfrutarás de verdad; no te fijes ninguno de antemano, sino que confía en la naturaleza, la cual sabrá orientarte hacia los más genuinos. Los que quieras experimentar, además, deberás conquistarlos por ti mismo; el hombre que se entrega a todos indistintamente acaba por no saborear ninguno. Estoy convencido de que Sardanápalo no sintió nunca en su vida un placer verdadero. Sólo quien los alterna con ocupaciones serias saca de ambas cosas el merecido disfrute. Alcibíades, pese a entregarse a los peores excesos, reservaba un poco de su tiempo a la filosofía y otro poco a los asuntos públicos. Julio Cesar sabía compaginar con tanto arte asuntos públicos y placer que estos se veían mutuamente favorecidos, y, a pesar de hacer las veces de marido de todas las mujeres de Roma, encontraba tiempo para demostrar que era uno de los más sabios, quizás el mejor orador y sin duda el mejor general de la Urbe. Una vida compuesta exclusivamente de placeres es tan insipida como despreciable. Dedicar unas horas al día a las cosas serias aviva la mente y los sentidos, y vuelve más grato el tiempo reservado al esparcimiento. Un glotón ahíto, un borracho consumido por su vicio y un debilitado y corrupto frecuentador de prostitutas no disfrutarán jamás de los placeres a los que consagran todas sus energías: no son sino otros tantos sacrificios humanos a los falsos dioses. Los placeres del vulgo están todos reunidos en esta naturaleza falaz, puramente sensual y vergonzosa, mientras que cuanto más preciados, más refinados, menos peligrosos e inconvenientes son los que se disfrutan en buena compañía, los cuales, además, no manchan de ordinario lo más mínimo la reputación de quien se entrega a ellos. Dicho en pocas palabras, el placer no debe ni puede constituir la ocupación exclusiva de un hombre sensato y de carácter, sino que ha de ser, y es, su solaz y recompensa.
Lord Chesterfield. Cartas a su hijo
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El q tu quieras -
Os puedo informar sobre el sida, pero no os puedo proteger del VIH.
Puedo deciros cosas, pero no puedo hacerme responsable de ellas.
Os puedo aconsejar, pero no puedo decidir por vosotros.
Puedo hablaros del alcohol y de las drogas, pero no puedo decir no por vosotros.
Puedo enseñaros a ser buenos, pero no puedo daros moralidad.
Puedo enseñaros lo q es el respeto, pero no puedo haceros honorables.
Os puedo transmitir valores, pero no puedo daros moralidad.
Os puedo dar amor, pero no una belleza interior
Os e dado la vida, pero no puedo vivirla por vosotros