
Estoy dejando de ser un admirador, la admiración hace un tiempo que me es ajena, como lo admirable no existe, la admiración ahora me resulta ajena y nada me repele tanto como observar a gentes que admiran, que padecen alguna clase de admiración. Va uno a la iglesia y la gente admira, va a un museo y la gente admira. Va a un concierto y la gente admira, resulta repelente. La verdadera inteligencia no conoce la admiración, toma nota, respeta, estima, eso es todo. La gente va a todas las iglesias y todos los museos con una mochila llena de admiración, y por ese motivo tiene siempre esos andares repulsivamente encorvados que realmente tienen todos en las iglesias y en los museos. Nunca he visto a un hombre aún entrar totalmente normal en una iglesia o en un museo y lo más repulsivo es observar a la gente en Cnosos o en Agrigento, cuando ha llegado a la meta de su viaje de admiración, porque esa gente no viaja más que en viajes de admiración. La admiración ciega hace estupido al admirador. La mayor parte de la gente cuando ha entrado en la admiración, no sale ya de su admiración y es por ello estúpida. La mayor parte de la gente es estupida durante la mayor parte de su vida porque admira. No hay nada que admirar, absolutamente nada. Como a la gente le resulta demasiado dificil respetar y estimar, admira, eslo lecuesta menos. La admiración es más fácil que el respeto, que la estima, la admiración es propia del tonto. Sólo el tonto admira, el inteligente no admira sino que rrespeta, estima, comprende, eso es. Pero para el respeto y la estima y la comprensión hace falta inteligencia, e inteligencia no tiene la gente, sin inteligencia y, realmente, sin ninguna inteligencia va a las pirámides y a las columnas sicilianas y los templos persas y se inunda e inunda su estupidez de admiración. El estado de admiración es un estado de debilidad mental. En ese estado de debilidad mental entran todos en los grandes museos. La gente arrastra pesadamente su admiración, no tiene el valor de dejar su admiración abajo en el guardarropa lo mismo que el abrigo. Por eso se arrastran penosamente llenos de admiración por todas las salas de cualquier museo, de una forma que le revuelve a uno el estomago. Pero la admiración no es distintivo del así llamado, inculto, muy al contrario, en medida terrible, incluso realmente aterradora, lo es sobre todo de los llamados cultos, lo que resulta mucho más repulsivo aún. El inculto admira, porque, sencillamente, es demasiado tonto para no admirar, pero el culto es para ello demasiado perverso. La admiración de los llamados incultos es totalmente natural, la admiración de los llamados cultos, sin embargo, una perversidad francamente perversa.
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NÍNIVE -
Y quiero que me atienda lo mejor posible. Aunque sólo sea porque este momento de esta hora precisa en q me lee, ni usted ni yo lo volveremos a vivir jamás; como yo no volveré a escribir para usted lo q ahora escribo, en este minuto. Luego, más pronto siempre de lo deseable, anochecerá.
Yo querría invitarle a emprender una urgente aventura. YA: sea el día q sea y la hora que sea. Una aventura secreta y extravertida a la vez; de la que no regrese. O de la que retorne más arrogante y humilde, más humano por tanto. Una aventura y un viaje que hay que iniciar con las manos vacías. Porque el universo que ese texto-muro circunscribe no os basta ya: el que esbozáis apenas tiene colorido y escasea de intrepidez.
No olvide que el gran sol ciega los ojos sólo de quienes se le acercan y lo miran de hito en hito; que derrite, pero con besos de fuego, el vuelo de sus elegidos más valientes.
Hay hombres tan arrogantes que no saben alabar una puesta de sol, una ciudad o una obra de arte. Y aún admirándolo en secreto no lo representan como eslabón o sendero que conduce a ellos mismos. Las personas vanas e indolentes afectan despreciar la dádiva; los hombres sencillos las admiran sin tocarlas y los sabios, las usan y las honran.
Bendito extravío, os digo. Apelo a la curiosidad del ser humano, a la capacidad de vanagloriarse del milagro de la vida en cualquiera de sus múltiples dimensiones. Porque la curiosidad intrínsecamente humana es realmente lo que nos hace sentir vivos. Quizá sólo esté aquí para averiguar. La vehemencia es enemiga de la circunspección. Pero vivir no es sólo seguir vivo, sino participar del misterio dadivoso de la vida.
Nadie ha visto y sentido todo. El tacto es infinito. Hay q acariciar, hay q mimar. Hay q reconocer y percibir con las palmas de las manos, con las mejillas, con los labios y hay q saborear. Es imprescindible no perder los sentidos, ejercitarlos, afinarlos, escapar hacia la Naturaleza por cualquier puerta e medio abrir. Los sentidos somos nosotros. Por sus ventanas nos llega el mundo y salimos al mundo Quedarnos sin todo él, variado y jocundo y portentoso, es quedarnos con media vida sólo, con media creación y con media alegría.
Y es q la curiosidad, en realidad es la base y el soporte de todo: la palestra en que todo tiene lugar, y en la que nosotros luchamos, vencemos o nos vecen, y acabamos por ser. Ella es la primordial acompañante de la vida: su heraldo y su adiós, su profecía y su memoria. La aliada más profunda de cualquier actividad que colabore a favor de la vida. La mejor fusión del sentimiento y de la mente.
Por nada de este mundo ni del otro debe perderla quien la tiene, ni dejar de recuperarla quienes la hayan perdido.