La manufactura de la leyenda de un narco I
Un tipo picado de viruelas se acercó y te dijo:
-¿Usted es el señor ése que tiene nombre de albur? ¿Se llama M. Limas, verdad? M. Limas, me la limas, que nombre más pendejo.
Ahí medio lo mataste de un navajazo que se le clavó entre las costillas rompiendose la punta de la pinche navaja y ya nunca la ibas a poder usar bien, o chance sí, mejor, porque esa navaja de punta mellada indicaba a los que la tenían que ver que ya se había usado alguna vez, que había topado con hueso como las estocadas de los malos matadores de toros.
Eras cabrón, Rolando, eso que ni qué, sobreviviendo en bares de putas donde ni los vendeores de lotería se atrevían a meterse, durmiendo encima del vómito un día sí y otro también; con una sífilis que te perseguía por más millones de unidades de penicilina que te metieras; porque cuando te la quitabas de encima, volvía como maldición gitana. Pero toda esa cabronería era como un sueño, y un día estabas en Acapulco traficando mota, y al día siguiente pasando coches chuecos en Mc Allen, Texas, y un día pedo en Matamoros y al día siguiente emborrachandote con dos judas bien espesos en TJ. Era como un sueño porque tú sabias que eso formaba parte del aprendizaje del billete grande y cuando lo aprendieras todo, te ibas a dedicar a sembrar y cosechar.
¿Cuándo empezaron las vacas gordas a dejarse ordeñar? ¿Cuando diosito santo dio la orden de: "a este guey ya no me lo estén chingando y dejénle hacer un guardadito de billetes que se los ha merecido con tanta mierda que ha tenido que tragar?"´. Pa´ti que empezó cuando la ligaste fuerte con los de Chihuahua y te encargaron que les consiguieras unas putas para los campos de cosecha de amapola. Habían juntado doscientos peones y los tenían como los esclavos de cuando Moisés no era principe de Egipto. Y como iba para dos meses les conseguían unas putas que hicieran de putas y además de cocineras y lavanderas. Y fuiste hasta los altos de Jalisco a recopger viejas pirujas y vaciaste como dos burdeles y los metiste en una camioneta. Ahí debe de haber empezado, porque cuando entró el ejercito barriendo, el único güey que sabía donde estaba pa lista y el almacen eras tú, y eso se lo vendiste al Milton en 50.000 d´plares. de ahí para el real. En un año eras el mismo güey, Rolando, pero con billetes como lechugas, y cuando hubo que nombrar reina de la primavera en Ciudad Obregón a ti se te metió por los talayates que ésa era tuya y mandaste a los muchachos con los cuernos de chivo por delante para vender boletos de a mil pesos. Ponían la metra encima del mostrador y decían, "¿verdad que Enriqueta está buenisima y usted quiere comprar diez boletos, paisano?". Y así la niña gano las elecciones, voto a voto contado, y no esa mierda de elecciones que ahora quiere atribuirse el PAN.
Ahí se fijaron en ti los que tenían que fijarse y te llamaron. Y tú, Rolando, no cometiste la pendejada de ir de prepotente, vestido de saquito rojo, enseñando la 45 y con cuatro pinches matones cuidándote el polvo que levantabas con las botas. Tú ibas a vender tecnología. Tú eras el no va más de la frontera. Tú ibas a poner a todos los putos al sur del Rio Bravo a cruzat la raya con 200 gramos de cocaína en el culo, eso sí, bien emplasticada, no fuera que se la reventaran de un pedo y se pusieran hasta adelante por hasta atrás. Tú ibas a organizar operaciones tan grandes que se iban a volver loscos en Los Angeles de tantos churros de mota que se iban a meter. Tú eras un cabrón que antes de ser un pinche vago de burdel habías sido contador público titulado en la Universidad de México. Y al rato te ibas a sentar en la mesa con un banquero y un gobernador.
¿Cuándo duermes, Rolando? porque en estos últimos años te la pasas organizando bisnes y cogiendo y negocios pa´ca y pa´lla y vistiendote en tiendas gringas. Porque no duermes. Hace dos años que no duermes. Y eso es lo más importante. En una frontera llena de cabrones que de vez en cuando se duermen, hay un cabrón, el cabrón de cabrones, Rolando M. Limas, nacido en Toluca, que nunca duerme.
Y es que impone, acojona, acongoja, apantalla al mejor hijo de vecino, hacer negocios con un cabrón que nunca cierra los ojos. Un cabrón que no conoce el sueño. Un hijo de la chingada que cuando otros andan en lo mejor de los sueños, follandose a su vieja adormilada, él vaga por ahí, en la noche, como vampiro, los ojos eternamente abiertos.
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