Compañía
La verdad es que, incluso para los más callejeros es complicado encontrar gente a la cual poder unirse. Aun cuando uno sea joven, una de las consideraciones más importantes es la g/h (gente por hora); pero a medida que uno se hace mayor, no sólo acusamos recibo de los años marchitos y desinflados, yambién los relojes tictaquean demasiado deprisa (o así nos parece a nosotros, yonquis de la realidad que necesitamos más y mayores volúmenes de espacio cronal para conseguir el mismo efecto del que participábamos en la juventud) y no se tienen plataformas de experiencia común que funcionen como adherente: ir juntos a la escuela, ir a la universidad, los primeros trabajos, los primeros amores, las primeras casas, los primeros paseos. Las amistades necesitan atemperarse con temporadas de ascenso y caída.
Pero uno igual encuentra alguna que otra rendija. En una parada del autobús estaba yo cerca de un chico de mi edad, y su modo malintencionado insinuaba que nos reiríamos de las mismas cosas, que nos indignarían las mismas cosas, que los dos ibamos a estirar la pata en la misma época. Yo no quiero parecer encorsetado ni hambriento de severidad, pero no hubiera podido simplemente decir "vamos a amistarnos, seamos buenos amigos". Un autobús se lo llevó
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NÍNIVE -
Se necesita práctica, observación, reflexión, fallos, enmiendas, planificación, esfuerzo, mejoras diarias y perseverancia de por vida. No viene por sí sola. Al contrario, cuánto más tiempo pasa, más difícil se hace dominar el acento en la pronunciación y los giros en la gramática.
Tomamos demasiado a la ligera la conversacion, las reuniones, el diálogo. Sabemos cómo comportarnos, cómo hablar y responder a una pregunta y tomar parte de una discusión. Es todo tan sencillo y evidente...
Pero los años pasan, y las cuerdas vocales se endurecen, y la voz se asienta, y la conducta se fija; y un buen día caemos en la cuenta de que estamos demasiado tiesos y reservados y solitarios y recluidos, y entonces es ya demasiado tarde para que nuestra garganta aprenda cantos nuevos, y nuestros pies dancen a otros compases.
Nuestra voz no invita, nuestro rostro es aburrido, nuestros modales son rígidos...la postura hiératica del individuo autosuficiente.
Antes de que esto suceda, nos conviene despertar y espabilar. Si nos damos por aludidos por dentro al pensar en estas situaciones y repasar nuestra vida y proyectar nuestros sueños, esto quiere decir que todavía hay vida en nosotros, y que puede haberla más si nos animamos a afilar ideas y arriesgar experiencias. La escuela está abierta, y podemos matricularnos cuando queramos, ya que sólo se trata de saber cómo aprovecharnos de encuentros y reuniones, de un saludo al pasar y de una charla reposada.
Estamos rodeados de gente, y todos son maestros y alumnos en el amplio laboratorio de las relaciones humanas.