Fisonomía
Hay tipos que tienen dibujado en la cara el estigma salvaje y sombrío de los obsesos sexuales. Y es que basta que veas a un individuo para saber que tipo de sexualidad le va: es un instinto que tenemos los tíos para defender a nuestras mujeres favoritas del asedio lúbrico, y a veces lubricante, de los demás tíos... ¿cómo que no? Claro que sí: ves al calvo de ojos chinescos y de labios finos y sabes qué, en cuanto te des la vuelta, va a comenzar a darle un discurso pornográfico a tu chica. Ves a un rubio atlético, con cara de querube olímpico, sonriendo con sus cuarenta o cincuenta dientes de blancura anonadante, y sabes al momento que lo puedes dejar dormir en la cama de tu novia sin problema, porque a esa clase de tipos les interesan otras cosas: el deporte, la amistad sin compromiso, el moderno concepto de salud... (bueno, a menos que tu novia esté por la labor y sea ella la que empiece) Ves al gordo de manos gordas, de nariz gorda y de culo gordo y sabes que, en cuanto se le presente la ocasión, va a ofrecerle dinero a tu novia a cambio de un número sadoporno en su apartamento marítimo de muebles funcionales y de cuadros geométricos. Ves al canijo, el de la cara sembrada de acné tardío, el del pelo fino y lacio, ese que tiene las orejas estrechas y largas, precisamente ese que pasa la lengua por los dientes como si acabara de masticar un toffee, y sabes que ya se le ha metido en la cabeza la imagen de tu amada en ropa interior, con ligueros de fantasía fetichista, y abriendose en dos mitades simetricas unidas por una vulva delicada y carnal como las orquideas y oscura como un submundo acuático, por no decir otra cosa.
Hoy me he encontrado con uno de estos ejemplares a quién hacía años que no veia. Un hombre que tiene la mentalidad sexual del hombre del pleistoceno.
Para superarlo en cuanto llegé a casa puse en el CD una maravillosa, y desconocida hasta hoy, versión de Gimme Shelter interpretada por Grand Funk.
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