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Drungo

Desde dentro

Desde dentro

La sexualidad humana es un lio. Los animales lo hacen con absoluta impavidez, sin dar el espectáculo. Pero los humanos no, los humanos tenemos que dar la nota de una manera atroz, aullar, gemir, aprendernos de memoria al menos la mitad del Kamasutra para no quedar en ridículo... Tenemos que hablar antes y después, y a veces decir frases primitivas incluso durante el frenesí en sí ("¡Sí, sí, sí!"), cuando la zarza carnal se estremece en un incendio sudoroso.

Los humanos tenemos que mantener un polvo-forum. Una relación. Los animales lo hacen mirando al horizonte, cumpliendo limpiamente el mandato feroz de la Naturaleza. Con elegancia. Pero nosotros no. Nosotros babeamos, adoramos los tacones de aguja, las bragas con rabos de conejita, la cosmética, la pornografía hitleriana, los condones con sabores, los posters de Playboy, la matématica críptica del número 69. Nosotros manchamos las sabanas y mordisqueamos la lencería de encaje.Yo no sé... Los animales terminan de hacerlo y se va cada cual por su lado. Pero nosotros, los laberínticos y filosofantasíacos humanos, no. Nosotros tenemos que quedarnos en estado comatoso durante cinco minutos, con el subconsciente agónico, en trance de meditación, recibiendo propuestas intelectuales: "Dime que me quieres!

2 comentarios

Vanessa María -

Sir Lancelot a la reina prometió:
"Muy pronto te libertaré yo"
Pero cuando hurgó con unas tenacillas
Ella gritó: "¡Basta, me haces cosquillas!"

NÍNIVE -

“Se desea lo que a uno le falta y todavía no tiene”, se lee en El banquete de Platón. Esa ansia insatisfecha es Eros, el dios que personifica la vehemencia, el cuerpo en movimiento hacia otro cuerpo, la viva fuerza que da la medida de la necesidad, el estímulo que enajena y concentra a la vez, el impulso que arrebata el espíritu hasta la dicha intuida. La edad en eso es tan accesoria como el color de uñas.

La carencia de amor mueve a apoderarse de los cuerpos ante la imposibilidad de poseer las almas. Se escapa así el espíritu del objeto sexual y el del sujeto no encuentra ni asidero ni reposo. Algo debe ser puesto en evidencia: el conflicto entre sociedad y sexo es esencial. La sexualidad pierde su calidad erótica si no consiste en un momento de liberación de lo social. El ser humano siempre ha sido homo faber: se ha movido y crecido con la artificialidad

La libertad está muy controlada: se alimenta de estimulantes comerciales; se organiza hacia la productividad y el rendimiento.
El sexo se convierte en una especie de gimnasia aséptica, rápida, nada comprometedora, eficaz, comunitaria, impersonal, divertida…a medio camino entre el yudo y el baile agarrado. Nada que se anuncie, que se negocie, que admita regateos, puede construir una fuente de placeres auténticos y no superficiales. El sexo ha de ser antigregario, no un impulso socialmente manipulado o teledirigido. . Si no, deja de ser patrimonio del yo, y pierde su función liberadora.

El sexo es un lenguaje, otra forma de dialogar, cuando se agota la fuerza y la expresividad de la palabra. Un diálogo, por tanto, controlable. Porque cualquier discurso necesita una complicidad: dos monólogos y, en medio, un muro de cristal.

No cabe la nostalgia de tal gozo, ni la expectación de volverlo a alcanzar, ni la comparación con otros similares. No caben los modelos mentales q, manipulados por nuestra menuda inteligencia, tanto nos enajenan. Porque si algo no se ajusta a lo q antes hubo sucedido, o a lo q esperábamos que nos sucediera, o a lo leído o sabido; si algo no se ajusta a nuestra experiencia- o aún peor, a la ajena- nos decepciona y nos estorba.
Bebiste y te saciaste: todo el mecanismo de la sed y su hartura se disipó.
Ni el amor, que siempre debería ser nuevo, lo es :todo él, una trama irreal, evocada o deformada de antemano.
El agua si q es nueva cada día, porque la sed es nueva, y ella la hace distinta

Es por eso por lo q las relaciones sexuales tienden a hacerse asépticas (en todos los sentidos); pero, en consecuencia, puramente físicas, porque lo demás sería un compromiso total al q a penas nadie está dispuesto ya.
Antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, mira esas hojas verdes: son el milagro de la primavera.
Y es que, aunque no te guste, la primavera llama a todas las puertas, y se va luego sin esperar que le abran, y nos deja preguntándonos quién habrá sido, qué querría, qué broma es ésta, por qué no aguardó un momento más. Pero no aguarda nunca; tiene mucho que hacer; es incansable.