Bailando samba en el barro y canibalismo estético
Un buen esqueleto femenino es la base fundamental para cualquier tipo de atracción sexual por parte de la ruda población masculina. (¿Lo he dicho bien?) Un buen esqueleto lo puedes recubrir con cincuenta o con noventa kilos de músculos, tendones, lípidos y todo ese tipo de basura orgánica, porque eso da igual: el resultado será una tía buena. No importa que esté más gorda o más delgada, que sea una liliputiense o una escultura titánica y sobrecogedora. No resulta definitivo el hecho de que tenga una cara bonita o una cara como Yola Berrocal. Da exactamente lo mismo que tenga los ojos como topacios gloriosos, como carbones de brujería o como esmeraldas. Da igual que no tenga ojos. Da igual que tenga seis años o sesenta años. Da igual que tenga los pechos como cúpulas o sea de Castellón de la Plana. Todo eso da igual: el esqueleto es lo que importa aquí y ahora. El arcano esqueleto: ese armazón de saltimbanqui macabro...
El esqueleto, según decía, es el que decide la belleza (mareante, etcetera) o la insulsex (decepcionante, etcetera) de las mujeres. El esqueleto es el engranaje capaz de provocar el delirio o el crimen. Se folla o se fornica -según el caso- con un esqueleto, y el esqueleto baila sobre ti su danza de la muerte, ancestralmente pornográfica, darwinianamente delirante, para hundirte en la fosa del orgasmo explosivo.
El recubrimiento de un mal esqueleto puede consistir en una cara maravillosa (esas rubias de merengue querúbico, esas morenas de mirada beatífica), en un par de tetas mitológicas incluso, en unas piernas de gacela y todo eso. Pero, pero si tienen un mal esqueleto nunca luciran un movimiento natural de culo -esa pera lunar- que active el metrónomo del deseo (tac-tac: las dos mitades locas, con su tesoro al fondo), ni se moveran como demonias emputecidas cuando se suban al trono del dolor de los tacones altos. Ni se agacharán a coger una prenda íntima del suelo con un contoneo de serpiente que entra de nuevo en la cesta del encantador.
Por esa razón, como en un cuento de hadas políticamemnte correcto, a veces las feas y las chicas grandes con buenos esqueletos acaban cepillandose al principe del castillo, mientras que las muchachas monísimas, guapísimas o de mirada encantadora acaban llorando en sus alcobas solitarias, metiendose un par de dedos más o menos metafóricos en la cueva freudiana del deseo incumplido y aullando como lobas a la luna.
Ella que sisea como una S mayúscula tiene un esqueleto que resultaría sensual incluso después de pudrirse durante siglos en una tumba. Ella es esa diosa de cascabel de plata en el tobillo y aunque lleve pantalon de campana intuimos ese tobillo delicado y compacto.
De su risa que es la gran locura musical y mozartiana, de las arpas carnales de su garganta, del clavicordio vibrante y recubierto por ese cuello para ser mordido mejor no hablamos... de momento.
Cuando uno puede disfrutar de esa delicia no necesita volver a casa con dos putones tropicales colgados del brazo.
9 comentarios
LO0S NACIO0S DE LA GRANJA -
Anónimo -
tris tras ni lo ves ni lo verás -
He dicho.
Mujer serpiente -
Seguro que lo sabes. Ya lo dirás, menudo eres.
Venganza y anestesia en la misma taza
Yolanda Nada Blanda -
Oceanne -
Chica de Barrio -
La última parte la tatuaré en mi memoria.
NÍNIVE -
Ese aprendizaje, esa estructura mental, es fijada en el cerebro desde la más tierna infancia, y...q ocurre cuando creces?
Pues lo que cabría esperar: un sufrido y constante choque con la realidad.
Durante un tiempo buscas príncipe, pero claro la hostia es monumental cuando a base de lágrimas constatas de que no hay, no existen.
La educación puede llegar a ser muy cruel. Las niñas juegan con muñecas, reproducen el rol materno.Crecen esperando ser encontradas. Los niños juegan con coches, dan balonazos. Crecen con deseo de poseer toda la dermis de cuantos más esqueletos mejor.
La convencional y tradicional educación es cruel.
NÍNIVE -