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Drungo

Curiosidad. Por las niñas de tus ojos.

Curiosidad. Por las niñas de tus ojos.

Una noche, hace muchos años, cruzaba la carretera con cuatro amigos cuando un coche volvió la esquina y empezó a pitarnos. Nosotros estabamos haciendo el ganso, pero el conductor no tenía motivos para tocar el claxón. Le hice el gesto que todos conocemos, y el coche frenó en seco y de el bajo un tipo bajito que se acercó a nosotros colocándose unos guantes. "¿Qué?", dijo con una vocecita nada temible. Eso fue todo.

"Nosotros pensamos: "Este tío sabe que somos cinco. Ve claramente que hay uno, dos, tres, cuatro, cinco tíos, y él va solo. No parece borracho, ni le acompaña una chica a la que impresionar". En cualquier ciudad, por la noche, si uno va por la calle y se encara con cinco tíos no se arriesga a que le dejen un ojo a la virulé sino a pasar toda la vida en una silla de ruedas. O es el más macho de la ciudad o un temerario con dos pares. Mis amigos y yo nos miramos y el tío gritó: "Me lo imaginaba", y regresó al coche. Muchas veces pensé en esa escena. A veces me dió rabia no haberlo intentado, porque tenía curiosidad por saber si el tío lo decía en serio. La curiosidad es lo que peor se lleva.

Hace tres meses una tía que caminaba con otras dos se me cruzó en la noche y me dijo "¿Qué?" las otras dos la jalearon con un ritmo gracioso y parlanchín.

El viernes santo hicimos un ménage a quatre en Toledo

1 comentario

Anónimo -

Eso si que es chulería...