Atoivag
Habíamos decidido hacer nuestro primer viaje a Lisboa. La aventura de viajar juntos; la dicha de estar ilocalizables.
Viaje en el coche de S, 6 horas de trayecto vía Badajoz Llegada a Lisboa a última hora de la tarde, La visión desde el puente 25 de Abril ha sido portentosa: a la izquierda la inmensidad del Tajo abriéndose al Atlántico, y a la derecha la ciudad subiendo y bajando por las colinas, desparramándose hasta la orilla del río que es casi mar. Lisboa reposando en el ámbito de una tarde más, cotidiana y lenta, pero a la que yo asistía como a algo nuevo, sorprendente y encantadísimo de compartir estas emociones con la bellísima S. Una extensión de barrios desconocidos, sobre los que carecía de puntos de referencia y que ya nunca más, desde ese instante, iba a contemplar con la misma extrañeza. Una vez pasado el puente, ya dentro de la ciudad, la visión de las primeras calles, de los primeros lisboetas, de los primeros coches... . Hemos parado en una zona donde estuve en mi última visita: Campo Grande. Hemos aparcado en un parking próximo y hemos cruzado la avenida y nos hemos parado en un parque cercano, a respirar los primeros aires de Lisboa.Tenemos reserva en un hotel cercano a Campo Grande pero me entra una leve sensación de desamparo ante la ciudad completamente desconocida, hemos caminado un rato, sin prisas, sin destino.Ir con S hace que todo me resulte más dulce y llevadero. Una vez que nos hemos instalado en el hotel es cuando he sentido que de verdad habíamos llegado a Lisboa. Ya había pasado lo más trabajoso del viaje. (Todas las torpezas e indecisiones como copiloto me han hecho ver que más que viajar, es decir, desplazarme; lo que me gusta es establecerme en ciudades.)
.....Tras ducharnos (juntos) hemos heho el amor por primera vez en una ciudad que no es la nuestra. Despues de tantas horas tenía unas ganas de follar tremendas,la determinación que traiamos en nuestras cabecitas locas ha sido imparable. Ella folla tan jodidamente bien que me quedaría que me gustaría prolongarlo per secula seculorum pero hemos venido a hacer cultura viajera. Despues de deshacer la maleta hemos salido a dar nuestro primer paseo. Desde el principio, ninguna emoción exagerada, ningún arrebato, sino el sereno y dulce acomodamiento a una ciudad que me ha parecido la mía. Hemos oído el portugués, hemos observado a la gente, hemos respirado el aire de las calles y nos hemos sentido integrados con una suavidad que no me ha dejado de sorprender. Hemos tomado un taxi a la Praça do Rossiy desde allí, hemos bajado por la Rua Augusta, con paso lento, contemplativo, deleitoso. Me ha alegrado ver la enorme cantidad de negros (y de negras) que hay en Lisboa; la sensualidad general de todas las muchachas aunque la belleza de S me ha mantenido bastante absorto en ella. Hemos llegado a la Praça do Comércio, nos hemos asomado al muelle: la noche reposando en el agua oscura, las luces de la ciudad, el puerto a la derecha... Tras caminar un rato en la otra dirección, por la Avenida Infante D. Henrique, completamente vacía, y asomarnos a algunos callejones de Alfama, construidos de materia antigua, medieval, hemos regresado a la Praça do Comércio, hemos subido otra vez por la Rua Augusta y allí nos hemos sentado en una terraza muy animada, donde he pedido "uma cerveja" y S un beefeater. Eran las once de la noche.Luego hemos regresado a los lugares donde nos dejó el taxi, para contemplarlos mejor: la Rua do Carmo, la Rua Garrett... Hemos seguido subiendo hasta el Bairro Alto. Hemos inspeccionado los locales nocturnos de la Rua Diario de Noticias y de la Rua da Atalaia: había bastante animación,.
Ha vuelto a asaltarme la sensualidad, un deseo tierno de contacto con S y nos hemos besado durante largo rato. Abrazados hemos seguido caminando y, de repente, algo inesperado: un mirador, que luego hemos identificado como el de São Pedro de Alcântara, y la primera visión desde arriba de la ciudad. El mar al fondo (o ese río que es mar), el Castelo de São Jorge, los edificios viejos, iluminados, el cielo con la luna a punto de completarse, el rumor vivo de la ciudad.
Nos sentamos en el banco de un jardín. Se está bien aquí. La luz de la luna hace maravillas con las plumas irisadas de unos patos azulones que nadan en el estanque. Dos formas de belleza, los ojos de S y unos reflejos irisados. Trato de imaginar qué haría un artista con eso.
Hemos regresado más tarde al hotel, tras andar otro buen rato, con la cabeza llena de imágenes y la sensación de estar en Lisboa como si fuera nuestra ciudad.
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Anónimo -